mayo 25, 2009

No me gusta que a los toros... (hoy va de minifaldas)















Mi amiga Pilar tiene una costumbre curiosa. Siempre que está de buen humor, se viste con minifalda. Da igual que sea un día soleado o que estén cayendo chuzos de punta. Si ella se levanta feliz, ese día sale con una estupenda minifalda a la calle. Mi amiga Pilar tiene un tipazo y las minifaldas le sientan muy bien, todo hay que decirlo. Recuerdo que descubrí esta costumbre suya cuando aún estábamos en la facultad y, de vez en cuando y de manera totalmente aleatoria, Pilar aparecía con minifalda por clase. En aquella época (primero de carrera), yo era aún una chica con complejos varios hacia su cuerpo —que ya me he sacado— y con demasiadas ideas preconcebidas sobre las chicas que llevaban faldas tan cortas. Quizá era eso —y seguramente un poco de envidia también— lo que me llevaba a desaprobar la vestimenta de Pilar en sus días de buen rollo, aunque a ella no se lo dijera.

Recuerdo que cuando le preguntábamos a Pilar por qué se había puesto tan guapa para venir a clase, ella nos respondía invariablemente que porque estaba de buen humor y yo pensaba, invariablemente también, que lo que quería era llamar la atención, provocar o cualquiera de sus modalidades. Conforme fueron pasando los años y yo fui ganando confianza en mí misma y en mi físico —que sigue sin ser despampanante pero a mí me gusta— más o menos al mismo tiempo, comprendí lo que Pilar quería decir con aquello de la minifalda y los estados de ánimo. Y es que, el primer día que me puse una minifalda —era negra, de volantes y aún me la pongo de vez en cuando— me subió de los pies a la cabeza un cosquilleo, un no sé qué, que me hizo sentir feliz durante todo el tiempo que la llevé puesta. Feliz... y hermosa. Muy hermosa.

No me acuerdo del nombre del bar al que fuimos pero, lo que no se me olvida es cómo puede cambiarte el ánimo una prenda determinada. Ese día descubrí dos cosas: Que te sienta mejor la minifalda si estás de buen humor y que ponerte una minifalda, un mini vestido o unos shorts bonitos puede, por sí solo, hacer que se te pinte una enorme sonrisa en la cara. Y es que llevar ropa que muestra graciosamente parte del cuerpo femenino hace que muchas de nosotras nos sintamos más seguras, más guapas y por tanto, más felices. En contra de lo que pudiera parecer, esconderse debajo de capas y capas de ropa no le da a la mujer (o al menos a algunas de las mujeres que conozco, incluida yo) ninguna autoestima. Pero enseñar sutilmente esa parte de nosotras que nos gusta, sí.

Y cuando una enseña algo, además de para sentirse bien, lo hace para que la miren. Eso es así desde el principio de los tiempos en los que nuestras tatara tatara tatara abuelas se remangaban las faldas de piel de cabra para mostrar un poco más de pierna o un poco más de escote. Si no fuera así... no se habrían inventado las prendas que enseñan más que tapan. No es que sea partidaria de exhibir por exhibir —entre otras cosas, porque soy de la opinión de que llevar escote por arriba y por abajo es una ordinariez— pero sí que me gustan los looks que combinan cuello alto arriba con una mini de vértigo o vaqueros bien ajustado con un buen escotazo que ayude a la imaginación a saber qué esconde la camiseta. Pilar, que es más o menos de la misma opinión, me cuenta que a veces va con minifalda a la oficina, pero que cada vez lo hace menos porque nota que la miran mal.

Sus compañeras, la miran mal. ¿El motivo? Pilar no lo sabe porque no se atreve a enfrentarlas y preguntárselo, pero puede que vaya más o menos por donde iba mi desaprobación hacia sus minifaldas en mis primeros años de facultad. Es curiosa la reacción que las mujeres (o algunas mujeres) tienen cuando ven a otra enseñando pierna, escote, espalda o cualquier cosa del cuerpo que, según la moral puritana del siglo XVIII debería ir tapada. Se me viene a la cabeza una compañera de la facultad, Mari Carmen, que no hacía más que criticar las minifaldas de Pilar hasta que se echó como noviete a un compañero de clase y entonces era ella la que venía un día sí y otro también toda emperifollada. O Lola, una compañera de trabajo que se dedica a hacer lo mismo con toda mujer minifaldera que se le pone por delante sin darse cuenta de que ella lleva vestido tanto o más cortos todas las semanas.

¿Por qué las mujeres no podemos apreciar simplemente lo bella que está una compañera —si es que lo está, claro, que a algunas hay que verlas con los modelitos que se plantan y eso lo sabemos todas.... menos ellas— o una amiga en lugar de pensar que sólo va buscando un ligue? Y en el hipotético caso de que lo que quiere sea precisamente eso... ¿qué problema tenemos las demás con que lo haga? Después de mucho debatir esto para mí misma —antes de mi transformación de pensamiento gracias a una minifalda negra de volantes— llegué a la conclusión de que es la pura envidia la que mueve esos comentarios rencorosos en muchas de nosotras. Eso y pensar que ya nos ha arruinado la noche la amiga/conocida de turno porque llevando ella una minifalda... ¿cómo se van a fijar en las demás?

Entre las mujeres de todas las edades corre el rumor de que los hombres se abalanzan sobre minifaldas y escotes varios y que quienes no se los ponen no tienen nada que hacer. Si tenemos la teoría tan clara... ¿por qué no nos liamos todas la manta a la cabeza y hala, minifalda al canto —o a la pierna, según se mire—? Quizá porque realmente sabemos que vestir con un poco de picardía está muy bien, pero si eres más sosa que un salero de azúcar... poco puede hacer una minifalda que no habla, ni sonríe, ni nada de nada. Haciendo trabajo de campo —y os prometo que esto es un estudio riguroso y que yo, si salgo a ligar, es por la columna, bien lo sabe Dios— he comprobado que se liga más o menos lo mismo sin minifalda que con ella, depende del día, del chico o chicos que te entren, del ambiente en el que te muevas... Lo que sí es cierto es que, cuando llevas ropa que te gusta mucho, sea la prenda que sea, te sientes más segura, estás más simpática y quizá por eso se te acerquen más hombres dispuestos a pasar un buen rato contigo (o algo más... cosas más raras se han visto).

Pero, si malo es mirar mal a una mujer porque lleva una falda corta, peor todavía es no querer reconocer que es agradable que la miren a una y le digan algo bonito cuando se pone guapa. Tengo un compañero de trabajo —tengo varios que lo hacen, pero tomemos uno como muestra, o esto sería demasiado largo— al que se le van los ojos detrás de las minifaldas. El muchacho no lo puede evitar, es ver una y mirarte las piernas, es así. Pero, lejos de ser una mirada de esas que dan asquito —y todas sabemos reconocer cuáles son... esas miradas las dejamos aparte de este artículo— es una mirada que te sube el ánimo. Una mirada que dice "qué guapa estás" o "te comería". Y ¿qué mujer no quiere que un chico guapo la desee de esa manera? Quizá haya muchas que no quieren, pero también somos muchas las que sí. Y es absurdo no querer o no poder reconocerlo por miedo a lo que digan los demás.

Desde que me liberé en cuestiones de largos de faldas, he introducido en mi armario muchas versiones de la falda corta, especialmente en forma de mini vestido. Esta mañana me levanté de buen humor, busqué unas medias bonitas, unas botas y me puse uno de ellos que me gusta bastante. A Iván no le gustan las chicas con vestido. Ni con minifalda. Y durante un tiempo, en un afán por gustarle, dejé de usarlos. Me compré algunos, pero apenas los usaba. Desde que lo dejamos, no me había puesto ninguno. Esta mañana decidí reivindicarme. Así que me he puesto un vestido corto, me he maquillado los ojos como a mí me gusta y así me he ido al trabajo. En la puerta de entrada estaba mi compañero, fumando. Y aunque ha intentado disimularlo, como las puertas son de espejo, le he pillado mirándome las piernas en cuanto me he dado la vuelta. Y ¿sabéis qué? Me he sentido guapa. Y deseada. Y he vuelto a reafirmarme con fuerza en que las mujeres tenemos derecho a mostrar de nuestro cuerpo lo que nos dé la gana, a sentirnos deseadas y a poder reconocerlo sin miedo a que nos tachen de lo que no somos. Las mujeres tenemos derecho. Porque ya pasaron los tiempos en los que, como decía la canción de Manolo Escobar, a nuestros padres, hermanos o novios no les gustaba "que a los toros, te pongas la minifalda".

Aviso legal: Todos los personajes y situaciones que aquí aparecen son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 

6 comentarios:

SVaRaDa dijo...

Yo también escojo mucho la ropa en función de mi estado de ánimo. Hace años nunca usaba minifalda, pero ahora, desde que he descubierto los leggins... me encanta usarlas!!!! Además, lo que dices, me siento como "más guapa" y por lo tanto, más contenta... parece una tontería, pero es verdad. Un beso!

eva dijo...

Hoy si que empiezo el dia con una sonrisa.. y con falda.. jajajaja. Gracias mi peque por traer con cada letra una sonrisa. Besos a millones. Viva la mini!

Anacleta Coqueta dijo...

No hay nada malo en sentirse bella sea con una minifalda o con lo que a una le haga sentirse bien, claro que sí!

Pilta dijo...

Pues claro que sí ¡viva la minifalda! Según una bruja de compañera de trabajo que tengo, ella no tiene ya edad de ponerse minifalda (yo le llevo casi ocho años). Lo suelta con sorna, como quien no quiere la cosa,de vez en cuando, porque sabe que yo las llevo. Y hay días que me las pongo a posta cuando voy a trabajar, para que rabie, porque me encantan y porque si no se atreve aponerselas pues peor para ella.jejeje

Aitana dijo...

Yo me visto siempre en función de lo que voy a hacer ese dia, pero los tacones no faltan si estoy de buen humor.
La minifalda no me la suelo poner porque me siento fatal con ella puesta.

Campanilla dijo...

En primer lugar mi querida Casiopea, lo de la vestimenta va unida al estado de humor fijo fijo.Al menos a mí también me ocurre.
Yo soy de faldas hiper mega cortas, vestidos también cortos y es que me siento como tú dices más guapa. Soy bajita y con algo tengo que destacar!
Pero...lo que sí te digo es que no me gusta que las demás vayan así jeje( qué injusta soy verdad?) PORQUE MI NOVIO LAS MIRA Y ME PONGO DE UNA MALA... EJEM
Un besazo guapa!

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