
Tengo un don. Es un don extraño y que en realidad no sirve para nada, o eso creo, pero aún así lo tengo. Encuentro grúas. En todas partes. En fotos, postales, cuadros y dibujos de paisajes y, por supuesto, en cualquier paisaje que vea al natural. Como las grúas no me gustan en absoluto, eso de ir encontrándomelas por todos lados me fastida bastante. Creo que la primera vez que me dí cuenta del don que tengo fue cuando, con ocho años, mis padres nos llevaron a mi hermano y a mí a visitar la Catedral de Cuenca. Mientras todo el mundo a nuestro alrededor hacía fotos y más fotos y alababa la belleza de los frescos (los de las paredes, no me penséis mal), yo sólo era capaz de fijarme en lo horrorosa que se veía la nave central de la Basílica rodeada de andamios. Y es que aquella primera vez que fui a visitar la Catedral de Cuenca la estaban restaurando y, junto los cristos, las vírgenes, las tumbas de santos y los pantocrator, a mí no me pasaron desapercibidos los sacos de yeso y las herramientas que invadían todo un poco por aquí y por allá. En el álbum de fotos que me regalaron mis padres cuando cumplí la mayoría, conservo una en la que nos vemos mi madre, mi hermano y yo en la puerta de la Catedral de Cuenca. Al fondo, bien hermosa y de color verde, se ve una grúa.
Las de la Catedral de mi ciudad natal fueron las primeras de una larga serie de grúas en monumentos que han arruinado mis colecciones fotográficas vacacionales y que han provocado que, cuando voy a visitar una ciudad desconocida, prefiera ver lugares poco conocidos: En todo lo que no es monumento típico no sueles encontrarte andamios. Desde la Basílica de Santiago hasta la del Pilar, pasando por la Sagrada Familia, todas las fotos las tengo con andamios y grúas. Hubo una época en la que llegué a sospechar que sólo quitan las grúas de las catedrales el día en que les hacen las fotos de las postales. Siguiendo con mi don, siempre que alguien me muestra unas fotos, si le encuentro una grúa se lo digo. Así he descubierto una cosa. Mucha gente no ve las grúas que hay por todas partes. Pero cuando se las muestras, ya no pueden ignorarlas. Y he descubierto otra cosa: A nadie le gusta tener grúas en las fotos.
Mi amiga Pilar es una de esas personas que no ven una grúa ni aunque se la pongas delante de las narices. La última vez que salimos por Madrid, durante nuestro tránsito le fui enumerando todas las grúas que nos encontramos afeando el paisaje. En Madrid son muchas, así que imagináos. Llegábamos a los cines de Plaza España y estaba yo a punto de abrir la boca para quejarme de nuevo cuando Pilar, un poco mosqueada, me dijo que me pasaba con las grúas como con los inconvenientes: Que tengo una habilidad especial para encontrar lo malo de las cosas.
Tras aquella revelación a bocajarro, Pilar y yo continuamos paseando tranquilamente, aunque yo me quedé con eso en la cabeza. ¿Será verdad que tengo una facilidad especial para ver la cara mala de las cosas? Haciendo un poco de memoria, ya en casa, tuve que rendirme a la evidencia. Sí, soy una especialista nata en retorcer las cosas en busca de todas las posibilidades negativas. Incluso cuando explico algo que me ha pasado, siempre empiezo contando lo que fue mal.
Más o menos lo mismo que con las grúas en los paisajes me pasa en mis relaciones amorosas. No sólo con Iván. Me pasa con cualquier chico con el que estoy. Cuando las cosas van bien, me empeño en buscar algo, cualquier detalle por pequeño que sea, para sacar de quicio la relación y convencerme de que, de nuevo, las cosas van mal. De nuevo hay una grúa que empaña mi paisaje. Desde que volvió de Barcelona, Iván está siendo un cielo. Hemos retomado el mejor punto de nuestra relación, un punto cercano a los primeros meses en los que aún no vivíamos juntos y cada vez que nos veíamos saltaban chispas. Estoy contenta con ello. Me gusta sentir de nuevo esa compenetración. Pero, como no podía ser de otra manera, hace unos días apareció la grúa.
Mi grúa en concreto se llama Elena. La tal Elena es una amiga de Iván de la que apenas sé que trabaja en una aseguradora y que hace un par de meses intentó ayudarle a encontrar un seguro de moto más barato (aunque no lo consiguió). Sé que habla con ella de vez en cuando por el messenger y que para negociarle lo del seguro, le comentó que se iba a hacer pasar por su novia (cosa que, para qué negarlo, no me gustó nada). Hace un par de noches se quedó hablando con ella hasta tarde e incluso se trajo el iphone a la cama para continuar hablando con ella. No es que hiciera ningún gesto raro pero, no sé por qué, aquello no me gustó. Tras pasarme la noche entera rayándome, por la mañana se lo conté a Pilar vía mail.
Su respuesta no pudo ser más elocuente. "Quita, quita, ¡mujer!" me decía. "Pero ¿a dónde vas? Tranquilízate, mujer. No sé por qué cuando las cosas van bien te obcecas en buscar cosas para que vaya todo de nuevo mal... ¿Será que se te está pegando de Iván?Jooo... ¿No puedes relajarte y disfrutar?". Cuando una amiga tiene que hacerte ver la realidad así, tienes que verla sí o sí. La contestación de Pilar fue la prueba fehaciente de que no es sólo que encuentre con facilidad grúas en mis paisajes o problemas en mis relaciones. Es la prueba de que, si no los hay, yo me encargo de ponerlos. ¡Me pongan una grúa ahí enfrente, oiga, que si no, no me gusta la foto!
No obstante, recuerdo una época en la que no era así. En la que todo lo que imaginaba salía bien, especialmente si se trataba de una fantasía amorosa. Fue la época de mi primer amor, un chico que nunca me hizo caso pero hacia el que no tuve pensamientos negativos. Luego llegaron Pablo y especialmente la enorme decepción de Jorge... y los pensamientos rosas fueron perdiendo absolutamente su color hasta convertirse en lo que son ahora. Tumbada en el sofá, con un bol de helado de dulce de leche, me pregunté por qué ya no soy capaz de ver sin esfuerzo las cosas como en aquellos años. ¿Estamos las mujeres desengañadas condenadas a ver siempre la parte mala de las cosas? ¿No podremos hacer nunca ese borrón y cuenta nueva que necesitamos? ¿Tenemos que enfrentarnos por narices a un futuro lleno de grúas?
Ayer por la tarde le cogí prestada la cámara de fotos a mi hermano y marché con ella al Casco Antiguo de la ciudad. Sin fijarme en nada más que en la belleza de los paisajes, hice una sesión fotográfica. Hay grúas, sí. Pero a partir de ahora he decidido que no me importa. Me he propuesto ver antes lo bueno. Y me compensa. Y además, me he propuesto que Pilar siga sin ver primero la parte mala de las cosas. Ella, que es todo optimismo, me sorprendió en Alicante quejándose de unas obras que nos encontramos cerca de la foguera que más nos gustó. No sé si será la edad, los últimos problemas o que se le ha contagiado del resto del mundo, pero no quiero que ella deje de lado el optimismo. Porque si lo dejara, si viera primero las grúas, si encontrara primero lo malo... No sería Pilar. Y eso sí que no puedo consentirlo.
Postdata: Esta semana, como véis, la imagen no corresponde con el tema. Es la nueva imagen para la sección Sex and the City, que aparecerá en breve anunciándola a la derecha de vuestras pantallas. Aquí os la presento, ¡¡espero que os guste!! Gracias por vuestras visitas y comentarios sin los que la sección no existiría. Por cierto, la imagen va para alguien en especial, un chico que me escribió un correo hace unas semanas. Besos!!




8 Fragmentos de tiempo:
Lo primero decirte que estás guapísima!!!me encanta la foto.
A mí también me pasa lo mismo, siempre están restaurando las catedrales o monumentos cuando voy y me horroriza. También veo grúas en mis relaciones y en todo lo demás también. Desde mis decepciones amorosas, como cuentas tú, ya no puedo pensar en el príncipe azul, y también me gustaría ver las cosas como las veía antes pero es que la vida nos va enseñando a protegernos a seleccionar lo que nos puede hacer felices. Sinceramente, prefiero no ser tan ingenua como entonces porque así me llevo sorpresas mayores y no decepciones.
Un beso enorme
Hola Berta guapa...me ha encantado leerte, como siempre.
Decirte que a mi me pasa todo lo contrario, no veo grúas, veo globitos y fuegos artificiales, siempre lo bueno, he llegado a la conclusión de que esto es una fatalidad...siempre es tarde cuando te das cuenta que hay grúas, demasiado tarde...
Un beso grande.
Hola primor, estás guapísima en la foto, ya te lo he dicho.
Yo siento disentir con tu amiga Pilar, no me parece normal que Iván se lleve el iPhone a la cama para seguir charlando con su amiga...
Salvo que hayas dado con el chico más comunicador del planeta, claro, que todo puede ser, y entonces me callo.
¡Que guapa estás en la foto! Me encanta, y así seguro que no hay gruas que valgan. Un besote
Bueno segun "yo", mucho tiene que ver la energia que ponemos en las cosas que hacemos, que transmitimos cuando pensamos o planteamos algo? de ahi parte todo, si tienes mucha energia positiva puesta en algo es dificil que es algo salaga mal y viceversa, pero ya te digo que esto es segun "yo"
Grúas, grúas y más grúas... todo lo arreglamos a cachitos y por eso siempre están ahí
jajajajajaja. Me he reido un montón con tu sex and the city!!! SUper ingenioso. Me alegre que empieces a dejar las gruas de lado o que te lo propongas que la vida esta para disfrutar mas y pensar menos... o eso o aprender a convivir con las gruas... jajaja. Un beso amore. ESTAS SUPER SEXY!
Las gruas hay que verlas pero no obsesionarse. No podemos ir ciegas y hacer que no las vemos, de las relaciones anteriores, por muy malas que hayan sido, se aprende. Sobre todo para saber lo que queremos y lo que no.
Te lo dice una escarmentada
Besos!
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