El Laberinto

Laberinto: (del latín labyrinthus, y este del griego λαβύρινθος labýrinzos) lugar formado por calles y encrucijadas, intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él. El mayor laberinto que conoce el ser humano no es otro que su propia mente. Este espacio pretende adentrarse en él y que, quien lo visite, haga lo propio, buscando dentro de su laberinto aquello que crea perdido...

Libros de Casiopea

Muchos de los relatos incluidos aquí y otros inéditos, están también en formato libro en: http://casiopeayeltiempo.bubok.es

octubre 17, 2011

Momentos incómodos


Ilustración by Arthur de Pins
Por si vivir permanentemente a dieta no fuera suficiente castigo para Meme (a quien, por otra parte, no le hace falta estar a dieta, aunque ella no acabe de creérselo), el mes de octubre se empeña todos los años en ser cruel con ella y viene cargado de cumpleaños de compañeros de trabajo. Por lo visto, en todas las redacciones del mundo mundial se ha instaurado la Ley no escrita de los Cumpleaños, que consiste en traer pasteles, chocolate, vino dulce y delicias calóricas varias en tu aniversario. Si no estás a plan genial pero, si lo estás, la LNEC te obliga a pasar por momentos incómodos prácticamente todas las semanas. Para Meme, los desayunos en la redacción son el momento incómodo estrella de la semana, patrocinado por Pastelería Sacha, una de las preferidas por los compañeros.

Hacer lo imposible por no comer dulce cuando todos a tu alrededor engullen tartaletas de piñones con nata y fresa a dos carrillos como si no hubiera un mañana es absurdo, ridículo e incómodo, así que yo he encontrado una solución milagrosa para las épocas cumpleañeriles que me pillan en mitad de alguna especie de dieta: no usar el ascensor de mi bloque. Vivo en un séptimo y tengo que subir y bajar escaleras al menos cuatro veces al día sin contar los extras, así que es un esfuerzo considerable. Pero, siendo sincera, más que por la firmeza de mi trasero lo de no usar el ascensor lo hago porque mi momento incómodo del día se llama Ernesto y tiene 31 años.

Ernesto es mi nuevo vecino. Es guapo a rabiar (o al menos a mí me lo parece), tiene pinta de simpático y rompecorazones y según mis fuentes (es decir, según Inés, que sí usa el ascensor) está absolutamente soltero. La primera vez que nos cruzamos en el ascensor me quedé sin respiración hasta mi piso y, teniendo en cuenta que él vive en el octavo, llegué a casa azul y con la sensación de haberme comportado como una auténtica imbécil quinceañera. La siguiente intenté entablar conversación pero él sólo sonreía y respondía con monosílabos o nada. La tercera vez ambos nos quedamos mirando al techo y sin hablar, así que decidí que no pasaba por más incomodidades de camino a casa: le cedí el ascensor en beneficio de mi dignidad y mis muslos.

Si pensáis que los momentos incómodos de Meme y míos son malos, es que no os ha sucedido nunca algo parecido a lo que vivió Inés el sábado por la noche. Llegaba a casa con Paul, un guapo francés que hacía escala en Barcelona en su vuelo de París a Santiago de Chile y decidió escalar hasta la cama de mi amiga, y se encontró en la puerta de su casa con Jesús, su compañero nuevo de la aerolínea (AKA: su último amigo con derecho a roce con el que todas apostábamos que iba a pasar a mayores, es decir, a una relación un poco más seria, a los otros mayores pasaron hace ya mucho), armado con una botella de champagne y una caja de condones de estrías (el detalle lo doy porque Inés me lo contó así y a mí me gusta ser fidedigna en mis informaciones, que conste, no porque a mí me den morbo las estrías, ni nada). Inés no pudo contarme mucho más porque iba corriendo de camino al aeropuerto. Sólo pude enterarme de que esa noche no se movió un solo muelle en su casa y que Jesús está de morros con ella.

Quien ya no está de morros conmigo es Iván (o bueno, mejor dicho yo con él, que soy quien suele enfadarse siempre), así que el viernes me comentó que se autoinvitaba a cenar a mi casa para ver a los gatos, que hacía mucho que no jugaba con ellos. Su visita de una tarde se convirtió en un “es muy tarde para irme a casa, ¿te importa si me quedo a dormir?”. Así que ahí me veis a las doce y media de la noche haciendo una de las dos camas pequeñas mientras Iván me miraba con ojos de no creerse lo que estaba pasando. De hecho, no me lo creía ni yo. Mucho más incómodo que dormir con alguien con quien has dejado de ser amiga con derecho a roce es hacerle dormir en la habitación de al lado… y pasar la noche despierta escuchando su respiración y luchando por no tirarte a su cuello.

En cuestiones de pareja, hombres y mujeres opinan que los momentos más incómodos son aquellos que tienen que ver con el mal sexo. Gatillazos, líbidos que no despiertan, orgasmos que no llegan o se fingen tan mal que el partenaire de turno acaba dándose cuenta, situaciones varias que hacen que quieras que la tierra te trague o, al menos, te haga desaparecer de donde quiera que estés. Sin embargo, a pesar de que he vivido alguna que otra situación embarazosa entre las sábanas, los líos incómodos fuera de ellas las superan con creces. Bueno, excepto cuando Iván me comparó con su exnovia después de echar uno de los primeros polvos. Incluso aunque salí ganando con la comparación, ha sido uno de los momentos aaarggg más sonados que ha vivido mi cama.

A pesar de estar durmiendo en la habitación de al lado, Iván le cogió el gustillo a mi casa y no se ha marchado hasta esta mañana. No ha pasado nada de nada, doy fe de ello. Pero cuando dos personas han estado juntas tanto tiempo y se conocen tan bien como Iván y yo, quedan gestos y comportamientos de complicidad que, vistos desde fuera, dan la impresión de lo que no es. Esta mañana, he vivido un incomodísimo menàge-a-elevador con Iván y Ernesto. Por si encontrarte con el tío con el que intentas coquetear en el ascensor, acompañada de otro chico, no fuera suficientemente embarazoso, suma que el otro chico es tu ex y, al ver los ojillos que os ponéis Ernesto y tú, sin decir nada, te pasa el brazo por los hombros de forma protectora y te sonríe con su mejor sonrisa Vitaldent. Me han dado ganas de matarle.

Así que, esta tarde he invitado a Meme a saltarse la dieta en el Vreneli Café. Así aprovecho y le presento a Nina, La Novia de mi amigo Pablo de la que ya os hablé hace unas semanas, con la que he quedado un par de veces para ponernos ciegas a té con pasteles y reírnos de todo un poco. Creo que esta tarde, va a tocar contarnos momentos incómodos. Estoy hasta por hacer una apuesta. Con mi historia y la de Inés, fijo que hoy les gano.

Aviso legal: Todos los personajes y situaciones que aquí aparecen son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

7 Fragmentos de tiempo:

Anacleta Coqueta dijo...

No entiendo, ¿qué problema tiene una persona en decir que no quiere comer dulces porque está a dieta o porque quiere cuidarse?

Lo de Iván...sé que es pura ficción, pero dile a tu protagonista que suelte amarras, que así no va a ningún lado.

Casiopea dijo...

Hola guapa!

Empezando por el final, sí, lo de Iván es pura ficción, pero mientras no haya nadie más en el horizonte, a mi protagonista le sirve para marear la perdiz literaria un poco. Pero le daré tu consejo ;)

Sobre lo otro... Nunca te ha pasado estar en el trabajo, que alguien lleve pasteles, decir que no te apetecen (por el motivo que sea) y que la gente te insista hasta la muerte para que comas? Jo, yo en la próxima vida me pido gente alrededor como la que tú tienes! A nosotras sí nos pasa, continuamente. Por eso es casi mejor tener un pastel en la mano y tirarlo en un momento dado (si de verdad no quieres), escaquearte o lo que sea. Yo es que lo de dar explicaciones lo llevo muy mal...

Besos!

Meme dijo...

Tengo derecho a ese café, aunque sea con sacarina!! :) :) :)

Anacleta Coqueta dijo...

Sí, sí me pasa, claro que me pasa, pero digo que no me apetece, o me saco mi manzana antitentaciones del cajón y me la como.

Lo mismo que cuando hay una acto social y tú dices que no bebes, pero, no puedes dejar que te convenzan por no dar explicaciones, ¿no? Si no quieres comer, o beber, que prevalezca tu criterio y tu personalidad!

Si dices que es por motivos de salud, la gente te deja en paz en seguida, prueba ;-) "Me ha dicho el médico, que el azúcar, ni probarlo"

Ojizarka dijo...

incomodidades, a la orden del día en mi vida. La última fue tomar algo con mi ex, mi mjor amigo con el q paso algo (siendo q él tenia novia) y la novia de este, vivaaaaaaa!!!!!!!!!

Casiopea dijo...

Jajaja Oji si te llegas a venir al café nos ganas tú!

Besos

PS. Anacleta, probaré eso de la salud, a ver qué resultado da... ;)

Little Green Doll dijo...

jejeje, en mi empresa la época de los cumples es en junio-julio!!! Hemos llegado a contar hasta 7!!!! O sea que es imposible estar de Operación Bikini! Con los primeros esperamos con ganas unos croissants de chocolate que hacen en la pastelería de al lado, pero con los últimos cumples, ya estamos todos empachados!!! Hemos propuesto a nuestro jefe que cuando busquen a algún trabajador nuevo, la 1ª condición que mire sea la fecha de cumpleaños, jejeje!

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