noviembre 03, 2011

Me, My pets & I: Mucho, mucho ruido

En el año 1994 Joaquín Sabina publicó, en el disco Esta boca es mía, una canción titulada Ruido. En ella se enumeraban, en las estrofas finales, buena parte de los tipos de ruido con los que uno puede encontrare en la vida. La definición más irritante de ruido se la dio sin embargo Napoleón a Beethoven, cuando le soltó, al escuchar la 3ª Sinfonía que el músico le había dedicado, que la música era “el más bello de los ruidos, pero ruido al fin”. El compositor cogió tal cabreo que le retiró a Napoleón la dedicatoria. Que, siendo músico, llegue a tus oídos una definición semejante es, cuando menos, un ruido molesto. Aunque para ruidos molestos... aquellos que proceden del piso contiguo.

En el 5º C de mi bloque viven cuatro estudiantes de Bellas Artes que se dedican a celebrar fines de semana extensos que duran de lunes a domingo y a veces, con suerte, empiezan el propio martes. Sus celebraciones incluyen una amplia gama de conversaciones, risas y música a todo volumen que hacen crecer la media de decibelios del bloque y están muy por encima de lo que la ordenanza sobre ruidos permite... y lo que los especialistas consideran bueno para la salud. El problema del 1º D es diferente.

La pareja que vive ahí acaba de tener un bebé. Son padres primerizos, no se enteran mucho del arte de criar a un hijo y la criatura se ve que es de horarios australianos, porque duerme de día y berrea todo lo que puede por la noche. A mi vecina del 7º E cualquier noche de éstas le dan un premio por su interpretación de Sally en Cuando Harry encontró a ídem y uno de mis vecinos de rellano enciende la licuadora todas las mañanas a las cinco menos cuarto porque tiene el sano capricho de desayunar un zumo natural antes de salir a su trabajo en la Citröen.

Los estudios esos que se publican a mediados de año en los periódico y que afirman que España es el país más ruidoso del mundo se han hecho en mi bloque. Seguro. Con este panorama, no era de extrañar que el presidente de la comunidad de vecinos nos citara a todos a una reunión el miércoles por la tarde, para tratar sobre los problemas de “ruidos molestos en la comunidad”. No soy propietaria, así que no tendría por qué haber acudido, pero fui por curiosidad y por si podía aportar algo, quejarme de las fiestas de los de Bellas Artes (a ver si así conseguía una invitación, aunque sólo fuera para que me callara) o encontrarme con Ernesto, que por lo que me dicen mis fuente fiables (léase Inés y su investigación en el ascensor), parece ser co-propietario.

No me sorprendió, aunque he de confesar que no me lo esperaba. Esta vez, no. De los treinta vecinos que acudieron a la reunión, casi todos se quejaron de un mismo ruido: los ladridos del perro del 8º B. Al parecer los de Bellas Artes, la vecina multiorgásmica, la licuadora madrugadora y el vecino que canta imitando a Loquillo a la una de la madrugada sólo se oyen en mi casa. Vaya por Dios. En las casas de los demás, por lo visto, el único ruido es el de Kus, el perro de mi vecina. Y que la criatura ladre un par de veces al día de emoción cuando su dueña va a sacarlo a pasear es de lo más molesto. Aluciné. En mi anterior bloque de pisos en Cuenca, prácticamente todos los vecinos tenían perro. Sólo uno molestaba realmente, uno al que sus dueños dejaban atado a algún sitio cuando salían y que pasaba el día ladrando de desesperación, a veces hasta quedarse ronco, en lo que era una muestra (a mi juicio) de crueldad humana extrema. Nunca supimos de quejas de ningún vecino al respecto. Al fin y al cabo, todos hacemos ruido de vez en cuando.

Ahora, que lo que me dejó muerta fue el comentario de mi simpático vecino de la licuadora madrugadora. Con una sonrisa que pretendía ser amable me miró y dijo: “Y tu gata maúlla algunas veces también”. Me cogió tan por sorpresa que no fui capaz de decir esta boca es mía. Eso sí, me dieron ganas de asesinarlo. Sí, una de mis gatas, Fanzina, maúlla algunas veces. Afortunadamente para todos, no lo hace a las cinco menos cuarto de la mañana. Me callé por no armar gresca, aunque planeando secretamente la forma de despertarlo a las cuatro, para que se aguante.

Para lo que me sirvió la reunión fue para percatarme la intolerancia que hay hacia los ruidos cuando son los animales ajenos quienes los provocan. Y vosotr@s ¿qué pensáis? ¿Hay más intolerancia a un perro ladrando que a un niño berreando o jugando con una canica por el pasillo toda la santa tarde? Si tenéis animales ¿se han quejado de ruidos los vecinos? ¿A qué creéis que se debe este doble rasero en lo que a pasarse de decibelios se refiere? ¿Por qué una licuadora a las cinco menos cuarto de la mañana hay que respetarla... y del ruido de un animal podemos quejarnos impunemente? ¡Que ardan esos teclados!

4 comentarios:

elisa dijo...

¡Qué disparate el de la licuadora!
No tiene disculpa que a tal hora de la madrugá el hombre se ponga a hacer vida sana y que reproche que tu gato maulle. WTF???
Evidentemente en un bloque de varias viviendas siempre va a ver discrepancias de todo tipo, es lógico después de todo (lógico si hay respeto).
Me da mucha rabia cuando las quejas se dirigen hacia los animales, es el tipico reproche fácil que va hacia lo que normalmente te hace más daño. Yo he tenido perro prácticamente toda mi vida y nadie se ha tenido que quejar de su comportamiento. Supongo que alguna vez habrá dado el coñazo, pero los animales saben adaptarse a los horarios y con un poco de dedicación es sencillo que no molesten. Idem para los niños.
¿Y qué me dices del ruido de la canica fantasma que rueda encima de techo cada noche de las dos de la mañana? Es el típico ruido misterioso que casi todos hemos oído alguna vez sin saber por qué. Lo malo es cuando no hay nadie en el piso de arriba. Lo leí en este blog y me hizo mucha gracia:

http://elbazardejim.blogspot.com/2009/07/misterios-de-andar-por-casa.html

¿Sabes Berta? Yo oigo a mi vecino hacer sus necesidades, prácticamente me sé de memoriael horario de sus deposiciones y oigo perfectamente el chof. Debo mentalizarme para que no me afecte, jajaja.

Un abrazo muy fuerte y dale caña al de la licuadora en la próxima reunión.

Little Green Doll dijo...

Ostras, tu bloque puede competir con el de mis padres... allí los vecinos no se quejan de los animales, que hay poquitos y no hacen mucho ruido, sino de una vecina multiorgásmica a la que llamaron la atención (y de la vergüenza no se la volvió a oír), del vecino que pone la música a toda pastilla, al que también llamaron la atención (y han conseguido algo), al que pone el Home Cinema a tope, y al que también le dijeron que molestaba (consiguieron que quitara alguno de los no sé cuantos altavoces), etc etc. En conclusión, están tan hartos de tanto ruido que si algo molesta se quejan. A veces funciona y a veces no... En general, la gente aguanta demasiado sin quejarse, y el que hace ruido sigue haciéndolo porque nadie le ha dicho que molesta... Buen fin de semana!

Little Green Doll dijo...

jajaja, acabo de leer el comentario de Elisa y tiene toda la razón, ¡en mi casa también oímos la canica fantasma!! jajaja. Una vez lo comenté con mi vecina de abajo (ya que no tengo ningún piso encima) porque yo creía que era ella que tenía algún reloj o algo, y ella se creía que yo tenía algún gato u otro animal que hacía ese ruidito, jajaja. Así que el misterio sigue sin resolverse, jajaja

arorua dijo...

vivir en comunidad es lo que tiene...yo por eso tengo como mayor ilusión en la vida poder irme a vivir algún día al campo, a una casa sin vecinos a km a la redonda. Al de la licuadora era para darle con ella. Yo es que tengo una reuniones de la comunidad que son peor que las de la serie "la que se avecina" asi que no te digo na y te lo digo to!
un abrazo gordo!!

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