La tercera película de la taquillera saga Paranormal Activity comienza con dos niñas frente al espejo del baño de su casa poniendo en práctica la leyenda urbana de llamar a Verónica tres veces para ver qué cosa horrible sucede después. La idea de espíritus que pululan por este mundo en forma de fantasmas viene de antiguo, pues ya los griegos consideraban que era posible que el alma de sus seres queridos se quedara cerca de la casa, protegiendo a los suyos.
Desde el sábado, Barcelona se ha vestido todas las noches de muerte, seres fantasmagóricos, terror y pesadillas para celebrar el Día de Todos los Santos, Halloween para los más prosaicos o amantes de lo norteamericano. Cierto que inicialmente la de Halloween era una fiesta celta, pero desde que en ella se bebe coca-cola, es propiedad de los States. El lunes por la noche Inés, Estel, Meme, Nina y yo nos disfrazamos de personajes tétricos varios (aunque alguna se hubiera podido ahorrar el dinero del traje, a juzgar por la cara con la que apareció en mi casa) y salimos a la fiesta, con cena incluida, que celebraban en La Última Farra.
Mientras nos pintábamos el rostro de blanco pálido pálido, nos poníamos medias rotas y falda sobre falda para parecer las más malvadas brujas de Eastwick (por lo menos), ante la atenta y asombrada mirada de mis gatos, Nina nos contó que, una vez, tuvo un novio fantasma. “Le conocí por internet. Estuvimos chateando cerca de año y medio pero no se decidía a quedar aunque él estaba en Tarragona y yo en Barna” recordaba mientras me cardaba el pelo para un súper moño que casi me cuesta la cabeza a la mañana siguiente. “A mí me sonaba raro que no quisiera verme en persona, primero pensé que sería porque soy gorda, luego que quizá era él quien tuviera inseguridades con su aspecto... al final resultó que era una chica que se había enamorado de mí pero no sabía cómo decírmelo al descubrir que yo era hetero”. No dábamos crédito.
Encontrarse novios fantasma no es tan fácil como parece. Lo que sí es más sencillo es encontrarse fantasmas a secas. Y no me refiero sólo a es@s chic@s que se dedican a dárselas de todo en la versión deluxe del “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, tan sabio siempre nuestro refranero popular. No. Me refiero sobre todo a es@s ligues con los que congenias, estás genial, llegas a acostarte y a mantener una relación más o menos seria y que, de repente, desaparecen de tu vida. Mi amiga Alena prefiere llamarlos personas missing. Nosotras, que somos menos modernas y más dadas a los términos románticos les llamamos fantasmas porque aparecen y desaparecen en los lugares más insospechados y dan el mismo susto, aunque no lleven cadenas ni vayan tapados con una sábana blanca.
En chicos fantasma, soy una experta. Lo fueron prácticamente todos mis novios/rollos hasta que llegó Iván, de ahí que una de las cosas que más encarecidamente le he pedido desde que le conozco es que, si tiene intención de desaparecer, al menos tenga el detalle de avisarme. A Inés le pasaba lo mismo hasta que decidió convertirse ella misma en una mujer fantasma para desaparecer, en lugar de ser a quien le desaparecían los rolletes. Desde entonces es experta en salir con chicos que no le duran más de dos meses y que se marchan sin dejar rastro... o de los que se aleja ella, sin dejarlo tampoco. Se ve que entre los de su misma especie el entendimiento es mejor y nadie sale herido. Es lo que tiene comprender las razones del fantasma mútuo.
Aunque quizá de todos los seres amorosos que dan miedo, el que más lo haga sea el ex. Pero no el tuyo, no. Encontrarte con tu ex en plena calle, en una fiesta o en el rellano de la escalera puede ser terrorífico si la ruptura no fue en buenos términos o si quedan heridas abiertas, pero siempre puedes enseñarle un crucifijo o llevar un diente de ajo que te proteja en el bolsillo. Sin embargo ¿cómo te proteges del/a ex de tu pareja? En el local de la fiesta nos encontramos con la ex novia del actual rollo más o menos serio de Inés, su compañero de aerolínea. La mirada glacial con que la recibió en la entrada (la chica en cuestión es la recepcionista del sitio), el repaso pies a cabeza y que nos diera la única mesa con una columna que no nos dejaba ver el escenario donde se hacían los espectáculos nos dio una idea del “aprecio” que la chica en cuestión le tiene a Inés.
Desconocemos si cuando Inés empezó a tontear con su compañero él seguía con nuestra Morticia-Recepcionista particular, pero todo apunta a que es posible o a que ella no haya encajado de muy buena manera el fin de la relación. Pero lo peor estaba aún por llegar. En una de las visitas al baño de la noche, Inés se encontró cara a cara con la ex. Igual que si hubiera pronunciado tres veces el nombre de Verónica frente al espejo, el encuentro no la dejó sin un ojo pero sí bastante perjudicada. Nos marchamos sin tomar el postre. Por el camino compramos tres botellas de mojito y decidimos seguir con la fiesta en mi casa: Ya habíamos tenido suficientes muertos vivientes por esa noche.
En las películas de terror, el ascensor es una pieza clave, uno de los lugares indicados para que el pánico y las maldades se apoderen del protagonista. En la vida real, a veces los ascensores dan un respiro. En el de casa encontramos a mi nuevo vecino (con el que intento tontear sin conseguirlo demasiado) y dos amigos disfrazados de personajes de La Liga de los Hombres Extraordinarios indecisos sobre a qué fiesta ir. En un arranque, provocado por beber a morro de una botella de mojito por toda Gran Vía hasta mi casa, Nina les invitó a la nuestra. Y sorprendentemente... nos dijeron que sí.
Mientras entrábamos todos y yo adecentaba un poco el salón para una fiesta, con Ernesto (mi vecino) sin quitarme los ojos de encima, no sé si por la pinta de muerta que tenía o por algo más caluroso, me pregunté si dan más miedo las películas de terror... o las de amor. Y no pude llegar a ninguna conclusión convincente.
Aviso legal: Todos los personajes y situaciones que aquí aparecen son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

7 Fragmentos de tiempo:
Y de fantasmas está lleno el mundo.
Definitivamente las historias de amor pueden llegar a ser terroríficas y Paco Lobatón no daría a basto ejerciendo la búsqueda en este terreno.
Mil abrazos Bertita!!!
Te recomiendo un libro, la mar de interesante.
http://www.casadellibro.com/libro-maneras-de-amar-la-nueva-ciencia-del-apego-adulto-y-como-puede-a-yudarte-a-encontrar-el-amor-y-conservarlo/9788479537814/1867326
Vaya, esto promete... ¿y cómo sigue la historia con tu vecino?? :)
Malditos fantasmas, me gustaría, pero no creo que fuera capaz de desaparecer así, sin más, no está en mi carácter... Aunque no siempre es malo que la gente desaparezca sola, huuum. Pero una cosa siempre estará segura, dan mucho más miedo las peliculas de amor que las de terror, y si tienen a JLO, más!!!
@elisa jajajaja opino como tú. Un besazo!! Y a ver cuándo vuelves a estar bloggerilmente operativa, que se te echa de menos, jo.
@Anacleta: me lo apunto! Gracias! A ver si cae por mi cumple, que es ya pronto :)
@Little: Hmmm no hagan zapping!! jeje
@Meme: por dios, ese apunte es terrorífico!! la JLO!! XD
Me encanta como escribes Berta, de verdad. Menudo tema te has clavado hoy, las ex de ls chicos actuales son algo peliagudo, xq si las miradas mataran más de una estaríamos muertas ya!! jajaja.
No puedes tener más razón señorita...fantasma define muy bien al sector masculino de hoy en día
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