marzo 30, 2011

DCQA: Chaz, el estiloso compañero de Angye Miller





Hace seis meses la blogosfera recibía con fanfarrias, confeti y mucho estilo a una nueva aspirante a convertirse en gurú de las amantes de la moda. Angye Miller, la autora del blog A loves it, reúne en cada una de sus entradas aquellos looks, prendas, complementos y tendencias que la enamoran o, al menos no la dejan indiferente.

Entre todo ese frenesí de estilo y glamour, hay sin duda alguien a quien Angye quiere por encima de todo lo demás. Y no es un diseñador de moda, no. Es mejor. Es Chaz, un precioso cocker spaniel color canela que cumplirá siete años en junio y que lleva en casa de Angye "desde que tenía dos meses".

Cuenta Angye que desde siempre ha querido un perro. "Me puse tan pesada que al final me lo regalaron" recuerda. Es realista y reconoce que "tener un animal en casa tiene muchos inconvenientes porque te limita mucho" pero asegura que "te da muchas más alegrías". Por ejemplo "llegar a casa y que se vuelva loco saludándote y moviendo el rabo... ¡no tiene precio!".

De los incontables momentos que ha vivido con Chaz hasta ahora, recuerda especialmente lo mucho que le gusta a este elegante perro revolcarse en la nieve. "En mi pueblo suele nevar cada invierno y a él le encanta la nieve. Pero tenemos que tener mucho cuidado, porque con el pelo tan largo se le forman bolas que luego son horribles de quitar" asegura Angye. Y es que pese a ser elegante, Chaz no deja de ser un perro. Quizá por eso disfrute tanto "metiéndose en el río cuando salimos de paseo. Le encanta el agua. Cuanto más sucia, más le gusta" sonríe Angye.

Desde luego, son la pareja perfecta.

PS. ADVERTENCIA A LOS AVENTUREROS: ¿Tienes un blog? ¿Compartes tu vida con algún animal (humanos no valen... o igual sí jajajaja) y te gustaría presentarlo en esta sección? ¡¡Escríbeme a casiopeayeltiempo@hotmail.es!!


marzo 28, 2011

Mudanzas

En el año 2009, más de 1.160.000 personas organizaron una mudanza en España. El Instituto Nacional de Estadística cifra en exactamente 1.169.460 las personas que cambiaron de lugar de residencia dentro del país en 2009, la mayor parte de las veces por motivos laborales. Las empresas de mudanza estuvieron en 2009 de enhorabuena, ya que buen número de las mudanzas fueron de una provincia a otra, lo que requirió, en casi todos los casos, de la contratación de una empresa especializada. 

Yo, que no soy de contratar camiones de mudanza, sino de hacerlo todo sola y más o menos a la tremenda, llevo ya dos semanas trayendo cajas desde Cuenca hasta mi nuevo hogar y removiendo Roma con Santiago para que mi hermano (y algún alma caritativa más) me eche una mano con todos los trastos que tengo que meter, como sea, en mi pisito de cuarenta metros cuadrados. 39,800 para ser más exactos.

Como le pasa a una ingente cantidad de personas a lo largo y ancho del mundo, odio las mudanzas. No sólo por la tediosa tarea de meter trastos en cajas para volverlos a sacar, organizar tu vida en el nuevo piso y limpiar el que dejas libre hasta que queda como el mismo día que salió de la constructora (corrijo, como el mismo día después de haber limpiado la inmundicia de residuos de pintura y de obra que dejó la constructora). Las odio porque en las mudanzas, indefectiblemente, aunque seas la persona más organizada del mundo y lleves una rigurosa lista con lo que has de llevarte y lo que vas a meter en cada caja, incluso aunque realmente hayas metido en cada caja lo que dice en la lista... se pierden cosas. Pierdes cosas. 

Cuando me mudé de Madrid a Cuenca, perdí cajas enteras de libros (al menos, dos), ropa que dejé olvidada, algún que otro colgante y un par de cuadernos. Lo que más sentí fue esto último, por la manía que tengo de coleccionarlos. Por el camino perdí también un par de amigas, se enfrió la relación con otra más y me dejé entre las cajas a Manu, a Jorge, a todo aquel que pensó que podía tener un rollete más o menos seguro conmigo en Madrid. La mudanza arruinó mi colección de cuadernos... y estropeó un poco mi vida sentimental.

Una vez en Cuenca, he sufrido tres mudanzas. La peor de ellas fue la primera porque me cogió en la época en que Manu y yo lo dejamos por segunda vez y además, no me gustaba el cambio de piso. La última tampoco es que me entusiasmase, ya que me marché cuando Iván y yo lo dejamos, pero al menos tenía como parte positiva pasar de vivir en un piso viejo que se caía a pedazos a hacerlo en uno casi recién construido. La que sucedió a la mitad fue la del periódico y esa fue surrealista. Ninguna me hizo cambiar de idea sobre las mudanzas, porque en todas perdí algo. Y en una perdí a Iván.

Bien pensado, una mudanza se parece a una ruptura. Al fin y al cabo dejas la estabilidad de lo conocido para meterte en algo nuevo y pierdes cosas por el camino. Y no me refiero sólo a la persona. Me refiero a esas cosas que te gustaban de él (o ella, tanto da), como que preparase café por las mañanas, los besos robados en mitad del pasillo, verle jugar a la wii todo emocionado un sábado por la mañana o un paseo en moto. Rutinas que se pierden con la ausencia y que, inevitablemente (al menos para mí) se echan de menos... Como los cuadernos o los libros que se extraviaron por error metidos en una caja que nunca llegó a destino.

Aunque también es cierto que a veces las rupturas, como las mudanzas, traen aparejadas muchas cosas positivas, aunque cueste percatarse de ellas a simple vista. Desde que Iván y yo lo dejamos, he recuperado mi espacio, las ganas de escribir, las sesiones de baile en casa los sábados por la mañana, llevo una alimentación más equilibrada (porque salgo menos de tapeo jeje) y he recuperado la relación casi perdida o muy abandonada con algun@s amig@s. Aún no sé si me compensa, eso es cierto. Pero no todo ese negativo. No todo se pierde. Algunas cosas se ganan.

A veces, una nueva mudanza te ayuda incluso a encontrar cosas que habías perdido, aunque parezca mentira. Haciendo las cajas que me traigo a mi piso del Paseo de Gracia, salió de un cajón una moleskine negra que creí haber perdido para siempre en el viaje a Perú. Me la llevé y estaba segura de que no la había traido. Pero la memoria es caprichosa y, a veces, registra como recuerdos pasajes que están solo en la imaginación de uno. Ayer, mientras sacaba de esa caja el portátil, mis bolígrafos y el resto de material de trabajo que me traje, volví a ver la moleskine negra. Me puse de nuevo tan contenta por haberla encontrado que,, para celebrarlo, salí a por un café al Starbucks que hay a cinco minutos de mi casa. Hacía tanto tiempo que no vivía en una ciudad donde hubieran llegado los tentáculos de la multinacional del café que casi había olvidado lo deliciosos que los preparan.

Las mudanzas son curiosas. Sobre todo, por eso de los encuentros. Y es que, de todas las personas en las que pensaba que a partir de ahora podría incluso cruzarme alguna vez paseando por la calle (entre ellas por supuesto Iván, que aún no sabe que he venido) Roberto no estaba en mi lista. Y a decir verdad, no sé por qué. Quizá porque hacía tanto tiempo que no sabíamos el uno del otro, a pesar de estar interconectados por todas las redes sociales del mundo mundial, que realmente me había olvidado de su existencia. Por si no lo recordáis (aunque os hablé de él aquí), Roberto es primo de mi mejor amiga de la facultad, vive en la ciudad a la que me he mudado y, aunque nos veíamos de uvas a peras, la química entre nosotros era tal que llegamos incluso a pensar en tener algo... aunque finalmente no llegó a cuajar la cosa.

Sé por el Face que Roberto tiene novia, Lorena. Una chica preciosa, a decir verdad. Por lo que se ve, una mujer interesante, inteligente. Estupenda. No puedo decir de ella nada que no sea bueno, porque aún sin conocerla es una de esas personas que te dan buenas vibraciones. La última vez que Roberto y yo hablamos por teléfono y que me prometió, por enésima vez, que vendría a verme, ya estaba con ella. Me lo mencionó más o menos de pasada. Yo tampoco quise preguntar más, aunque realmente no sé por qué. Por eso, cuando le ví en la barra, delante de mí, lo primero que hice fue buscarla a ella. De forma instintiva, no me preguntéis por qué. Enseguida me dí cuenta de que estaba solo, pero... por alguna razón preferí no decirle nada. Es todo tan extraño a veces...

Sin embargo, él sí me saludó a mí. Al salir, me vio haciendo cola. Y claro, cuando estás esperando para un capuccino en un Starbucks y sola, no tienes mucho margen de maniobra para esconderte o hacerte la longuis, la verdad. Se le iluminó la cara cuando le expliqué que no, no estoy de visita. Que ahora trabajo en una revista que tiene una de sus redacciones en la ciudad y he venido para quedarme, al menos de momento. Así que, hemos quedado para comer mañana y ponernos al día de todo. No sé por qué, pero he subido las escaleras hasta el séptimo casi de tres en tres, y con un gusanillo saltándome en el estómago. Yo creo que hasta los gatos se han dado cuenta.

Las mudanzas traen sorpresas. Y a veces, dan miedo, como las relaciones. Por las cosas que se pierden. En la mudanza en la que estoy metida aún no sé qué voy a perder. No he empezado a desempaquetar prácticamente nada más allá de lo estrictamente necesario, así que aún no hay inventario ni recuento de bajas. Tampoco sé qué voy a ganar. Sólo sé que, desde hace una semana, la ciudad en la que nunca quise vivir (y en la que he pasado ocho años) ha dejado por fin de ser mi hogar y estoy recomenzando. Siempre me ha gustado mi nueva ciudad para vivir. Después de París, es mi destino soñado para deshacer maletas, abrir transportines a los gatos y ser feliz. Quizá eso sea una garantía de que, en esta mudanza, serán más cosas las que encuentre que las que pierda. Por si acaso, no me separo de la lista de trastos. A ver si esta vez soy capaz de no perder ninguno... y de encontrar alguno que anda extraviado. De momento... parece que la cosa no pinta mal. Pero... es sólo el comienzo.

Aviso legal: Todos los personajes y situaciones que aquí aparecen son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.


marzo 24, 2011

DCQA: Las aventuras de Tony "El Ratoni", el roedor gangster de Meme




Toni se esconde detrás de una maceta. Su corazón late a mil por hora, pero él está tranquilo. Sabe cuál es su próximo objetivo, ha repasado mentalmente el plan una, dos, seiscientas veinticinco veces. Asoma la nariz, comprueba que no viene nadie y corre raudo como el viento a esconderse detrás de la siguiente maceta. Respira hondo. Otea el horizonte. Ya queda menos hasta la bolsa de cereales que descansa plácidamente abierta sobre el alféizar de la ventana... 

Esto, que podría ser el inicio de una novela de gángsters, es sin embargo un episodio de lo más normal en la vida cotidiana de Tony "El Ratoni", el roedor que acompaña en sus desvaríos artísticos a Meme, del blog Le Même Pom. Cuenta su dueña que "mi ratón tiene una gran historia. Mi hermano Rafa, el penúltimo (somos cuatro), decidió comprarse un ratón un día en el rastro. No se por qué le dio ese momento de locura" recuerda. El caso es "que lo trajo a casa y sabiendo que a mi madre no le iba a hacer mucha gracia lo metió en el colchón de la cama nido de debajo de su cama". 

Mientras estuvo allí escondido, como un polizón en un barco pirata que navegase hacia el Caribe, "mi hermano le daba comida y bebida y el pobre bicho, que era tan bueno, no se escapó del colchón en ningún momento". Pero... como en toda buena historia de gangsters, de piratas o de lo que sea, los polizones suelen ser descubiertos al cabo de un tiempo. Así "un día la asistenta decidió pasar el aspirador por debajo de la cama de mi hermano y en esas estaba cuando pegó un grito. Corrimos a ver qué pasaba y vimos al ratoncín tan mono, que nos miraba... Así que me dio mucha pena y como hasta a mi madre le gustó, ¡nos lo quedamos!". ¿Y lo del nombre? Meme explica que en el transcurso de ese tiempo de polizonte "mi hermano ya le había bautizado con el nombre de Tony "El Ratoni", así que desde entonces vive así en casa, como un gangster" sonríe. 

 Dice Meme que "siempre hemos tenido animales en casa porque nos encantan. En esta casa siempre ha habido niños pequeños que queríamos animales, nunca hemos sido miedosos ni reacios a ellos como otros niños, todo ser vivo nos entusiasma" asegura, aunque con algunas excepciones, confiesa: "Bueno, todos menos los bichos, claro. Yo no puedo ni verlos...". Nuestra anfitriona recuerda que "tuve una época que montaba a caballo y me imaginaba que me regalaban uno... qué típico, el sueño del pony —sonríe— aunque está claro que nunca me cayó". Y cuando salía del zoo "siempre decía que de mayor quería ser entrenadora de delfines ¡era mi sueño!" asegura. 

Aunque ahora sólo tienen en casa a Tony como inquilino animal, comenta Meme que "hemos tenido un poco de todo". El último compañero antes de Tony "fue un Labrador negro llamado Nero que era buenísimo, ¡lo adoraba! Pero también hemos tenido un canario, dos gatos, otro perro y muchos peces". De estos últimos, Meme cuenta una anécdota "con esos pobres peces hicimos un intento de llevarles a vivir en el paraíso de la fuente de mi terraza... pero los pobres murieron en seguida. Ipso facto estaban flotando, no sé que habría en esa fuente..."

Su compromiso con el mundo animal es grande y, consciente de que las perreras y protectoras de animales están llenas de pequeños que desean y necesitan un hogar, ella y su familia están buscando "un perro. Queremos adoptarlo, no comprarlo. Así que si alguien sabe de alguno que necesite una familia ¡la nuestra está disponible!". Eso sí "a lo mejor le ponemos otro nombre compuesto mafioso a lo Capone... ¡Será muy feliz!"

Es posible que seáis de quienes no simpatizan con ratones, ratas y demás roedores pero, tras conocer al pequeño amigo de Meme, seguro que la próxima vez que veáis alguno, lo miráis de otra manera. 

PS. Antes de despedirme, me gustaría comentaros que mañana viernes, a partir de las 20 h. y en un total de 57 ciudades, capitales de provincia y municipios a lo largo y ancho de todo el país, la plataforma No al Maltrato Animal ha organizado concentraciones en contra de esta aberración y lacra de la sociedad. Su objetivo es conseguir la reforma del Código Penal en este sentido y un endurecimiento, esta vez real, de las sanciones hacia quienes practiquen cualquier tipo de maltrato hacia cualquier especie animal. Si tenéis un rato y os apetece, acudid a las concentraciones de vuestra ciudad. El mundo animal os lo agradecerá. 



marzo 23, 2011

¡Colaboradora en Intersexciones!

Y por fin, tras dos semanas esperando, cruzando los dedos, mordiéndome las uñas de los nervios, a medianoche salieron los resultados de las votaciones del concurso para elegir colaborador/a en Intersexciones...

¡¡Y soy yo!!

Así que ahí va mi discurso de agradecimiento ;)

Ejem, ejem (carraspeo típico por los nervios): Me llena de orgullo y satisfacción... Estooo, perdón... (Casiopea rebuscando en sus papeles...) este no es, que es el del Rey del año pasado...

Ejeeeeeeeem (tratando de ganar tiempo): Thak you to my mother, to my town, to... Huy, huy... que éste tampoco es (risilla nerviosa de trágame tierra)... es el de Pedro Almodóvar cuando ganó el segundo Óscar, qué despiste...

Eeeeeeeeeeeeejeem!!!! ¡A la tercera va la vencida! Muchísimas gracias a tod@s los que me habéis votado en estos días, a quienes habéis acudido a la página a través de este blog, a través de Facebook o simplemente habéis pasado por allí o sois lectores habituales de Intersexciones. GRACIAS.

Gracias también por vuestra paciencia en mi implacable campaña electoral XD Ya sé que alguno salió hasta las narices de que le enviara mensajes y le invitara a eventos para que me votase... pero oye, ser cansina mereció la pena :)

Y antes de despedirme (hasta dentro de un rato, que vendrá el DCQA) quiero dedicar este momento emocionante a dos personas que se han volcado especialmente: Álex (gracias!!) y mi Fassion. Sin vosotros, esto no hubiera sido posible ;) (Qué bien me ha quedado eeeeeh?)


Muchos besos!!
Hasta dentro de un ratito



marzo 22, 2011

A la carta

Para celebrar que tiene nuevo trabajo en un coqueto hotel de Barcelona, Iván me invitó el viernes a comer en el Tomates Verdes Fritos. El restaurante, que está bastante cerca de mi casa y muy bien de precio, es una especie de semi-vegetariano mezclado con cocina de diseño y una original forma de presentar los productos típicos de la tierra que a mí me sedujo desde el primer momento. 

Sin embargo, tras mirar y remirar el menú y darle muchas vueltas a la carta, a Iván no terminó de convencerle lo que allí servían... Y acabó llevándome a comer una sopa castellana a nuestro restaurante de toda la vida. 

Por el camino, mientras yo recordaba con pena los estupendos platos del Tomates Verdes Fritos, Iván se dio cuenta de mi mala cara y, en lugar de callarse, para tratar de arreglarlo comenzó a pensar en voz alta y soltó: "Ya sabes que a mí no me van los cambios. Si una cosa me gusta, la prefiero a algo nuevo. Es más. Si hay un plato nuevo y junto a él, uno que me gusta... pruebo el nuevo, aunque me quedo con el que ya sé que me va a gustar. Vamos, que sólo pruebo algo nuevo si tengo a mano el Plan B de lo que sé que me va a gustar". 

Mientras aparcaba, no pude evitar preguntarme si no le estará pasando a Iván conmigo lo mismo que con la comida. Nos seguimos viendo regularmente a pesar de haberlo dejado —y de vivir a seiscientos kilómetros de distancia— nos seguimos acostando sólo entre nosotros y, a todas luces, esto parece ser una posibilidad de remake (aunque todos, incluida yo, sepamos que NO será así). Sin embargo ¿no podría también significar que Iván no está preparado aún para probar nada nuevo? Lo nuestro ¿será sólo un Plan B por si lo nuevo conocido no le gusta? ¿Cuándo pasé de ser un postre nuevo y excitante a la seguridad de la sopa castellana? Y lo que más me confunde de todo... ¿vale más lo aburrido conocido que exponerse a una indigestión?

Mi amiga Montse y yo somos animales de costumbres gastronómicas encubiertas. Me explico. Parece que cambiamos y que probamos cosas nuevas constantemente, pero no es así. No es más que una ilusión. En realidad, siempre que vamos a un restaurante nuevo acabamos pidiendo sabores conocidos en lugar de arriesgarnos con algo nuevo de la carta. Comemos lo mismo en ambientes y platos de porcelana diferentes. 

Con los hombres nos pasa igual. Siempre salimos con el mismo tipo. Cambiamos más o menos el aspecto y la fisonomía, cierto. Pero bajo esa apariencia novedosa, el plato de porcelana contiene el mismo arroz al curri de siempre. En el caso de Montse, todos sus amoríos se circunscriben al tipo maduro y sentimentalmente inasequible. En mi caso, siempre son chicos con miedo al compromiso y a todo lo que conlleva tener una pareja. 

Ambas, siendo conscientes de lo que hacemos al enamorarnos, nos justificamos asegurando que, de este modo y a pesar de los problemas, lo tenemos todo controlado. Al fin y al cabo nos sabemos la receta tan al dedillo, que enseguida reconocemos cuándo sobra un ingrediente, cuándo falta otro o cuándo la mezcla de cantidades no es la adecuada. Sabemos exactamente cuándo la receta no funciona. Y así... atajamos a tiempo la indigestión. 

Al contrario que nosotros, a mi amiga Estrella le encanta probar comida nueva. Cuando vivía en Madrid, cada fin de semana teníamos reserva en un restaurante distinto. Creo que en aquellos años pasamos por todos los locales nuevos, por algunos antiguos, y que sólo repetimos mesa una vez. Aún gustándome probar, lo cierto es que el miedo a terminar la noche con la cabeza metida en una taza de váter podía más que mis ansias de nuevos sabores. Así, yo acababa probando más o menos lo mismo por toda la ciudad, mientras Estrella experimentaba en sus papilas gustativas sensaciones desconocidas que le acarreaban visitas al excusado más veces de las que le gustaría. 

Con los hombres le ocurre lo mismo. Prueba, prueba y prueba. Pero la mayor parte de las veces no acierta. Así que, más de una noche de viernes termino sujetándole la cabeza a Estrella frente a una taza de váter... Y no siempre es por culpa de la comida. 

Con mi técnica de no probar cosas nuevas ni en la comida, ni con los hombres, llevo tres años sin gustar de otro plato que no sea Iván, salvo alguna "infidelidad" esporádica. No nos vamos a engañar ahora. Este plato me gusta. Y mucho. Es una especie de obsesión, como cuando era pequeña (y no tan pequeña) y sólo quería comer tortilla de patata. Más de una vez, en aquella época, me fui a la cama con un empacho considerable de tortilla. En el amor, como en la comida, siempre he querido más. 
Y además, se me embotaban los sentidos. Me empaché muchas veces, pero nunca lo reconocí. Ni dejé de comer tortilla. Ahora tampoco. Aunque me sigo empachando. Como con Iván. Me gusta verle. Me encanta abrazarle y que me abrace. Me pierde su forma de excitarme, de follarme, de ponerme a cien... Me gusta tanto... que demasiado a menudo me termino empachando. Y termino más de una noche como Estrella. Con la cabeza metida en el váter. 

Sin embargo, hasta ahora nunca me había dado cuenta. Percatarse de que comer siempre cosas que ya has probado no es garantía de librarse de una indigestión hace que a una le entren escalofríos... Pero también libera de ataduras. Así que, este viernes he quedado con Estrella para probar un hindú que acaban de abrir en la ciudad y le he prometido que me voy a atrever con todo lo que no he tomado hasta ahora. 

Con los hombres voy a empezar a hacer lo mismo. Total, ya sé que lo peor que puede suceder es que me pase el viernes por la noche con la cabeza metida en el váter. Y que yo sepa... a estas alturas ya nadie se muere de indigestión. Ni por culpa del curri... ni por empacho de amor. 

PS. Y para seguir con las cosas nuevas... A partir de la semana que viene el Sex and the City cambia de escenario, su protagonista cambia de trabajo y cambian también los personajes principales. Todos salvo uno (al menos, de momento). ¿Adivináis cuál? ¡Nos leemos la semana que viene!

Aviso legal: Todos los personajes y situaciones que aquí aparecen son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

marzo 17, 2011

Semba Tsuru (Mil Grullas por Japón)



Una antigua leyenda japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel recibirá un deseo de parte de una grulla, tal como una vida larga o la recuperación de una enfermedad.

Desde que la tierra tembló en Japón, la japonesa Makiko Sese colecciona grullas para, al llegar a mil, poder pedir un deseo para su país.

Desde el blog Las mil Grullas, Makiko ha pedido la colaboración de quienes deseen ayudar al País del Sol Naciente a pedir ese deseo de recuperación, reconstrucción, vida.

Ya casi las ha conseguido. Por si sirve de algo, yo también he enviado la mía y os animo a hacer lo mismo. Si no sabéis hacer una grulla de papel, Makiko lo explica con un sencillo vídeo en su página. Hacedle una visita y enviad la foto de vuestra grulla.

¡Ánimo Japón!

marzo 14, 2011

Competencias


El 6 de diciembre de 1978 nacía en España el Estado de las Autonomías. Además de un nuevo orden democrático, la Constitución española del 78 alumbró un nuevo modelo de organización territorial, descentralizado y basado en las competencias. Es decir, que cada administración tiene poderes diferentes y puede hacer cosas diferentes dentro de la jerarquía establecida. Así, un gobierno autonómico puede por ejemplo gestionar los hospitales pero no el reparto de los impuestos y, pese a las libertades, haga lo que haga nunca puede contravenir las normas del Gobierno central, ni mucho menos tener más poder que él.

Cuando empecé a trabajar en el periódico, lo que más me costó fue aprenderme todo este lío de la organización territorial, algo absolutamente necesario si no quería meter la pata en cargos y competencias a la hora de escribir las informaciones. A mi amiga Montse le pasaba lo mismo, así que una noche se nos ocurrió hacerlo más sencillo comparando el estado de las autonomías con una relación de pareja.

"Si el novio es el país" razonó Montse, "la novia es el Gobierno central, porque es la que más competencias tiene". Siguiendo esta lógica, las autonomías eran las mejores amigas del novio, las diputaciones las amigas a secas y los ayuntamientos las conocidas, compañeras de trabajo y demás mujeres del mundo con poca o nula relación con el chico (o chica, que al revés también sirve). "¿Y las ex?" recuerdo que le pregunté. "Las ex son la oposición" sentenció Montse con aplomo. Nunca comprendí tan bien el barullo de autoridades y competencias como aquella noche.

Sobre el papel, las cosas resultan sencillas de explicar. En la política y en el amor. Sin embargo en la práctica, unas instituciones solapan a otras, hay duplicidad de cargos y funciones y las competencias de unos y otros no están, ni mucho menos bien delimitadas. Pero no sólo eso. Tampoco son iguales para todas las comunidades autónomas. En las relaciones de pareja, sucede algo parecido.

Desde que abandonamos el concepto "noviazgo" para sustituirlo por el de "amistad", la cosa se ha complicado bastante. Antes de eso, la definición era sencilla: Con un novio te acuestas, con un amigo no. Cuando desaparecieron los novios, todos pasamos a tener sexo con nuestros amigos, de tal modo que es prácticamente imposible saber si tienes o no una relación estable con alguien. Por supuesto, puedes preguntárselo. Pero nadie te garantiza que la respuesta vaya a aclararte algo.

Mi amigo Diego empezó a salir con una chica, Paula, que se empeñó en dejarle claro cada tres días que sólo eran amigos. Lo hacían todo juntos, salían de fiesta, al cine, se llamaban todos los días si no se veían, por supuesto tenían sexo y conocían a sus amigos respectivos. Diego estaba convencido de que tenía competencias de Gobierno central, pero Paula le aclaraba puntualmente en cuanto sacaba el tema que sus competencias eran más bien las de un Gobierno autonómico. Cercano y poderoso, pero autonómico finalmente.

Al principio, él no se veía con nadie más. Pasado unos meses sin que la relación pasase de la amistad con derecho a roce, Diego se decidió a aprovechar las oportunidades que se le presentaban al margen de Paula. Cuando se enteró, Paula dejó a Diego por ponerle los cuernos. Ni él ni yo hemos sabido nunca cuando dejó de ser presidente autonómico para serlo de la nación. Paula nunca tuvo el detalle de decírselo.

Mi historia con Iván también es curiosa. En las épocas en las que nos definíamos como pareja, mis competencias eran más bien las de una diputación: Amiga, sí, pero sin derecho a roce aunque durmiésemos en la misma cama todas las noches. Sin embargo, era decir que lo dejábamos y voilá... mis competencias aumentaban junto con nuestros encuentros sexuales y yo pasaba de ser presidenta de Diputación a serlo de la Autonomía en un abrir y cerrar de ojos y algunos orgasmos de por medio. En todo el tiempo que vivimos juntos, sin embargo, nunca tuve la sensación de llegar a ser presidenta del Gobierno. Y es ahora que vivimos separados cuando más me acerco a esas competencias. El género humano es tan caprichoso que asusta.

Aun así, todavía sigo sin tener claro qué define realmente los estatus para hacerlos diferentes a unos de otros. Antes era el sexo el que marcaba la pauta porque sólo las parejas se acostaban. Ahora también lo hacemos con los amigos con derecho a roce, los follamigos e incluso los desconocidos, de modo que el sexo ya no es una competencia definitoria. Mi amiga Pilar opina que es el grado de implicación en la vida de una persona. Es decir, cuestiones como comprarse un piso, casarse o tener hijos son las que realmente marcan la pauta de importancia. Y aquí viene la pregunta. Si no quieres casarte, tener hijos ni tampoco comprarte un piso a medias con la otra persona... ¿significa eso que no deseas que sea tu pareja? ¿Son realmente todas esas las competencias que importan o tienen algo que ver los sentimientos en todo esto?

Me gusta pensar que, aunque sea lo más complicado de averiguar, son los sentimientos la competencia que realmente cuenta y marca la diferencia entre un amigo, una pareja o un conocido. Y es que comprarte un piso puedes hacerlo sola, con un hermano, incluso con tus padres, dependiendo del momento de tu vida. Tener hijos es algo para pensárselo y sobre las bodas hay tantas opciones válidas como personas. Es triste pensar que sólo el sexo o la ausencia de él define a una pareja y más triste aún pensar que alguien es la tuya porque te acompaña a los eventos familiares. En todas esas competencias quedan excluidos los sentimientos, la que debería ser, bajo mi punto de vista, la razón fundamental de estar con alguien.

Es posible que, igual que sucede en la política, nunca lleguemos a definir completamente las competencias de cada uno. Es también posible que, igual que hay comunidades autónomas que pugnan por tener más competencias que el propio estado, haya amig@s que hagan todo lo posible por pasar por encima del novio o la novia y hacerse con su puesto de "privilegio" junto a la persona amada. Pero una cosa es segura: La única persona que puede definir sus competencias y establecer sus leyes del Estado es uno mismo. Y a mí me gusta pensar que las que yo establezco y las que establecen para mí están sobre todo basadas en los sentimientos. Aunque en muchos de los casos no me sean favorables.

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marzo 09, 2011

DCQA: Trusky y Sirius, guardianes de la magia de Patty Rain





Hay un rincón en la maraña de blogs que es la red en el que vive la magia de las hadas. Un rincón fabricado de gotas de lluvia, polvo mágico, retales de mil colores, arcilla polimérica y besos de colores. Un lugar en el que han anidado los dragones convirtiéndolo en su morada y en el que la desesperación y la tristeza no tienen cabida, porque allí vive desde hace mucho tiempo la alegría. En este pequeño espacio, Patty Rain comparte su vida internauta y su creatividad con dos compañeros peludos que son los perfectos guardianes del reino: Trusky y Sirius.


Cuenta Patty que Trusky "es el pequeño y fue el primero que llegó a mí". Fue hace casi dos años, cuando Patty dejó la gran ciudad que es Barcelona para trasladarse "a un pueblo pequeño, porque necesitaba sentirme más cerca de la naturaleza y alejarme de la ciudad y soñaba con tener animales, ya que en la ciudad no hubiesen sido felices".

Al poco tiempo de llegar al pueblo "una chica me ofreció a Trusky por la calle. Ella trabajaba muchas horas y aunque lo quería muchísimo no tenía tiempo suficiente para estar con él y yo lo acepté encantada". Así, muy poco después de marcharse al campo precisamente para tener animales, Patty veía llegar a su vida al primero de ellos, como por arte de magia.

Aunque para magia, la que obraron los espíritus antiguos que impregnan la vida de Patty para traer hasta sus brazos a Sirius, su otro acompañante canino. "Sirius llegó de una manera muy especial. Se trata de una historia que para mí es muy mágica" asegura. Y no le falta razón.

Cuenta Patty que delante de su casa había un gran árbol que "daba a mi terraza. Yo lo quería mucho, pero un día vinieron unos taladores y lo cortaron". Patty pasó muchas horas llorando de pena. Era "un árbol grande y antiguo y yo sentía que protegía mi casa con su presencia" prosigue. "Una amiga mía a la que quiero mucho y que vive muy inmersa en el mundo mágico, me encontó que en la naturaleza existe un rey que se llama Ghob, y que este rey deja regalos allí donde los árboles han sido talados para las personas que los han cuidado y querido... así que Trusky y yo íbamos cada día a ver el tocón del árbol, a ver si había algo, quizá una piedra bonita o una flor, pero nunca encontré nada" rememora.

Hasta que un mediodía... Trusky, que estaba en la terraza empezó a ladrar y a llorar como un loco. "Al asomarme —recuerda una emocionada Patty— vi un perrito sentado junto al tocón del árbol. Fui corriendo a llevarle comida y agua, pues estaba muy flaco y sucio. Vi que era un cachorro y él se acercó enseguida a mí y ya le llame Sirius que es la estrella que más brilla en el cielo". Ese día, Sirius siguió a Patty hasta casa y ella, al ver que se llevaba bien con Trusky, comprendió que el cachorro "era el regalo que había estado esperando".

Lo que más llama la atención a Patty de sus pequeños es la diferencia de caracteres y lo bien que se llevan entre sí. "Entre ellos tienen caracteres muy diferentes, Trusky, aunque es el pequeño, es el que manda y no deja tranquilo a Sirius, pero es muy cariñoso con todas las personas y los perros. Sirius al contrario es muy muy dulce, hace cosas muy peculariares como cariciar la cara con la pata, que es una cosa que me deja alucinada, da la pata y suele ponerse de pie y abrazarse a ti... pero no soporta a otros perros que no sean Trusky ni le gusta tampoco la gente desconocida, no se fía, supongo que tuvo alguna mala experiencia" lamenta.

"Para mí son mis ángeles y les quiero con toda mi alma" asegura. Y no hace falta que lo diga. La forma de hablar de ellos que tiene ya deja traslucir todo el amor que siente por Trusky y Sirius. Y aunque por falta de tiempo Patty no está con ninguna asociación, sí que "tengo un comedero y un bebedero en mi jardín para quien lo necesite, alimento a los gatos de la calle y como vivo muy cerca de la playa, suelo bajar a limpiarla de las basuras que deja la gente".

Patty y sus pequeños son un ejemplo hermoso y perfecto de unión con la naturaleza... y una muestra de que, creyendo profundamente en la magia, no hay sueño ni deseo que no pueda realizarse.

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marzo 07, 2011

Souvenirs


Junto a la bolsa llena de trastos y regalos inservibles que mi amigo Carlos se trajo de París, vino también Claude. Se conocieron una noche en que ambos paseaban solos y absortos a orillas del Sena, nos contó Carlos ilusionado cuando nos la presentó. Se miraron un rato, charlaron otro rato, pasearon juntos un par de manzanas más... y al terminar la noche supieron que estaban hechos el uno para el otro.

Carlos tenía que regresar en una semana a Madrid así que, embriagado de amor como estaba, le propuso a Claude venirse con él. Y ella, que ya en París no tenía en esos momentos oficio ni beneficio, aceptó. Cuando nos lo explicó al grupo de amigos hace tres semanas, en la presentación oficial en sociedad de la muchacha, a todas las chicas nos pareció una historia de lo más romántica. De esas que sólo pasan en las películas pero por las que todas mis amigas y yo hemos suspirado alguna vez.

Todas menos Mariela. Ella, cínica para con las relaciones de los demás, bastante intolerante con los defectos y debilidades ajenos, con las ideas muy claras y "descreída del amor, el romanticismo y la ñoñería en todas sus versiones" (según la definición que hace de sí misma... aunque nadie se la pregunte) arrugó la nariz y torció el morro ya en los primeros compases del relato de Carlos.

Y en un momento de la noche, así como el que no quiere la cosa, inició su ataque devastador. "Y tú ¿qué haces aquí Cloe?" preguntó. "Es Claude" la corrigió Carlos. "Y eso qué más da. En realidad es simplemente la novia de. La tuya en este caso, pero eso es indiferente. No es nadie más. No sabe hablar, no tiene trabajo ni intención de buscarlo. No hace nada aquí que no sea calentarte la cama. Es el prototipo perfecto de mujer florero. De chica souvenir. Son las mujeres como ella las que más perjudican a la independencia de las demás". Se quedó tan ancha y a nosotros nos dejó boquiabiertos. Claude, que evidentemente no había entendido nada, le sonrió. Y a continuación escuchamos a un apuradísimo Carlos mintiéndole en francés para explicarle que Mariela tenía problemas en el trabajo.

Esa noche, mientras regresábamos a casa, Pilar y yo debatimos sobre el amor y sobre las cosas a las que una renuncia a veces por conservarlo. En opinión de Mariela, en una relación convencional siempre es la mujer la que cede, cosa que ella detesta. Lleva toda la vida predicando que si él tiene que cambiar de ciudad o debe aprovechar una oportunidad y lo hace, la mujer le sigue, mientras que si es a la inversa, la relación se rompe. Sin más.

He de reconocer que en muchos casos así es. Sin embargo, nosotras tenemos ejemplos propios y ajenos que desmontan su teoría, aunque ella no quiera verlos. Es el caso de Adri y Mª Jesús. Hace un par de años a él le ofrecieron una beca de diez meses en Estados Unidos y la aceptó. Mª Jesús decidió no dejar su trabajo y su recién estrenado ascenso en España y ambos decidieron que lo mejor era dejar la relación en stand by hasta que Adri regresara. Se casaron el año pasado, demostrando que las relaciones sólidas resisten los stand-bys, los meses en EE UU, los sueños personales realizados y cualquier cosa que se les ponga por delante.

Lo que le pasó a nuestra amiga Diana es diferente. En su caso, la trasladaron a ella un mes después de que Arturo encontrase por fin trabajo de lo suyo, tras muchos años intentándolo. Diana aceptó el traslado porque le gustaba más la nueva responsabilidad. Es cierto que la cosa estuvo en un tris de convertirse en una nueva ruptura y que los dos se plantearon en más de una ocasión engrosar de nuevo las listas del mercado de solteros. Incluso Diana llegó a marcharse sola a su nuevo destino y estuvo así un par de meses. Al final, Arturo pidió un traslado en su empresa y desde entonces viven de nuevo juntos. De esto hace al menos cuatro años.

Si nos ponemos a analizar al detalle, incluso en mi caso fue Iván quien sacrificó sus amigos y un trabajo seguro en Barcelona por venirse a vivir conmigo. Cierto que no fue por amor, eso me lo dijo desde el principio y es algo que ha estado siempre claro. Lo mío no fue una hermosa y romántica historia como la de Claude y Carlos. Pero también es verdad que, necesitase cambiar de aires o no, eligió venir a vivir conmigo en lugar de a cualquiera de los otros sitios a los que hubiera podido ir. Y yo aún no estoy segura de si hubiera hecho lo mismo, dadas las circunstancias.

Cada año se venden en el mundo toneladas de souvenirs. Llaveros, mecheros, camisetas, figuritas de la Torre Eiffel o del Acueducto de Segovia llenan las maletas de los turistas. En muchos casos, en esas maletas van también los recuerdos de un fugaz amor de vacaciones. Mientras preparaba la cena al día siguiente de la presentación oficial de Claude, me pregunté hasta qué punto nos convierte el amor a hombres y mujeres en souvenirs. Y sobre todo, hasta qué punto es o no es un error transmutarse por amor en figurita del monumento que sea.

Otras veces, las personas renunciamos a marcharnos de un lugar o a aceptar cambios en nuestra vida en aras de conservar a nuestra pareja. Al poco de finalizar la carrera, Pilar tuvo una buena oferta laboral lejos de Madrid. Entre todas las cuestiones que sopesó para tomar la decisión final de rechazar el trabajo, la que más pesó fue Jose. Ya llevaban varios años juntos y, sobre todo, él no quería dejar Madrid. Reconozco que cuando me lo contó me pareció que acababa de hacer la estupidez del siglo. "El amor se acaba" recuerdo que le dije. "Una oportunidad así no se presenta todos los días" apostillé. Bocazas que es una.

Y es que a la vuelta de unos años, Pilar se ha enterado de que la flamante empresa por la que estuvo a punto de fichar ha cerrado a causa de la crisis, mientras que su amor por Jose continúa viento en popa, salvado los circunstanciales baches de diverso tamaño. ¿Por qué cuando se trata de decidir sobre el amor, las personas seguimos llevando el lastre de no ser libres? ¿Por qué tenemos las mujeres que justificarnos si escogemos a nuestra pareja en lugar de una oportunidad laboral? ¿Por qué pensamos que el amor se acaba y vemos un contrato con una empresa como algo que puede durar para siempre, si la situación actual demuestra que ambas relaciones tienen al menos las mismas posibilidades de romperse? ¿Es realmente tan malo ser una chica (o un chico) souvenir?

Desde hace dos semanas, Mariela piensa que no. Y es que, después de años predicando con la teoría, en la práctica hace dos semanas que vive en Alemania. Sí, han trasladado a su novio y él la puso en la tesitura de escoger. Sí, ella ha dejado trabajo (ya no es tan bueno como nos lo pintaba, claro), familia (Alemania no está tan lejos... ¿no?), aficiones (tampoco le entusiasmaban tanto sus clases de cocina recién estrenadas) y amigos (para eso están las redes sociales ¿verdad?) por seguirle. Como chica souvenir. Eso sí, ella no lo reconocerá nunca. Aunque todas sepamos que no habla una sola palabra el idioma, que por eso no encuentra trabajo y que está ya desesperada. Pero ella no es una chica souvenir, no. Es una chica liberada que necesitaba cambiar de aires. Cuando Pilar me lo contó tomando un café, pensé con una alta dosis de malicia cómo se sentiría Mariela si se encontrara con una Claude en Alemania que dijese de ella exactamente lo mismo que Mariela escupió sobre la novia de Carlos. A veces me sale la vena retorcida, qué queréis que os diga.

Después de algunas semanas sin saber de él, ayer me envió un mensaje Carlos. Está muy contento porque Claude ha encontrado trabajo en la Escuela Oficial de Idiomas y además está aprendiendo español, aunque aún no se le entiendan dos palabras juntas cuando las dice. Me alegré. Y pensé que, después de todo, lo importante es que tus actos te conduzcan a la felicidad, aunque eso suponga convertirte en chico o chica souvenir. Y es que al final, por mucho que opinemos o juzguemos los demás, lo único que cuenta es sentirte a gusto cuando cierras la puerta de tu casa. Aunque esa casa esté a 1.200 kilómetros de todo lo que conoces porque lo has abandonado en un rapto de locura. Estar en paz es, en realidad, es lo único que vale.

Aviso legal: Todos los personajes y situaciones que aquí aparecen son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 




¡¡Comienzan las votaciones!! ¿Me ayudáis a ser la nueva colaboradora de Intersexciones? —EDITADO—


¡¡Buenos días a tod@s!!

Tras unas semanas de espera, por fin han comenzado las votaciones en la web Intersexciones. En quince días conoceremos quién es la nueva colaboradora (o nuevo colaborador, que finalmente se presentaron ¡dos chicos al concurso!) de la página... ¡¡y necesito vuestra ayuda!!

Como estamos casi en campaña electoral, yo no podía ser menos y vengo a pediros vuestro voto. Si me lo dais y finalmente resulto elegida, os prometo posts con sustancia, con los que os echaréis unas risas, que os servirán para desfacer (que diría Don Quijote) los entuertos amorosos en vuestra vida cotidiana y para conocer, en fin, las reglas de la andante caballería, digooo lo que hacer en caso de emergencia... amorosa.

¿Os animáis a votarme? Sólo tenéis que pinchar aquí, o aquí, buscar en la columna de la derecha de la página el recuadrito de las votaciones y pinchar en Casiopea :) ¡¡Merci!!

¡Ah! Cada persona puede emitir un sólo voto al día, de modo que si tenéis hueco para votar más de un día... ¡¡mejor que mejor!! Yo mientras voy pensando cómo compensaros por vuestro tiempo y ¡¡vuestros votos!!

Un abrazo fuerte y ¡buen lunes!

PS. En un ratito Sex & the City, esta semana sobre souvenirs...

EDITO: A veces, una tarde tranquila de lunes de marzo quizá, alguien a quien admiras, sigues y quieres te sorprende con un detalle y no sabes ni cómo corresponder. Eso mismo me acaba de pasar a mí con mi querida Fassion Viktim. No, el suyo no es un blog de moda, ni muchísimo menos. Y si tuviera que definir qué es lo que escribe, tendría serios problemas. Porque a la Fassion se le quedan pequeñas las etiquetas. Ella en sí misma es una etiqueta.

Es original. Absolutamente original. Descaradamente original, fresca, clara, concisa... bueno, concisa no, que se lía y se va por las ramas. Pero todo lo demás sí. Es algo nuevo bajo el sol en este mar que es la red y en el que, pasado un tiempo, todos los peces literarios parecemos iguales. Ella no. Ella es tan diferente, tan escandalosamente original, que a veces raya la indecencia. Y me encanta. Desde que la descubrí, precisamente en Intersexciones, me tiene enganchada a su mundo, a su Mari, a su barbitas, a su gato Mortadelo (aunque no lo quiera tanto... o eso diga ella).

Fassion participa conmigo en el concurso para ser la colaboradora de Intersexciones. Y hace unos minutos... me ha sorprendido haciendo campaña por mí, en lugar de por ella. Me ha emocionado. Me has emocionado Fassion, fíjate si soy pánfila (cada día más jajajaja). Gracias. Sólo puedo decirte eso, porque me has dejado sin palabras. Eso y que me alegro de haberte encontrado.

Y tod@s vosotr@s... ¿a qué esperáis para ir a visitarla? ¡Os aseguro que engancha! Así que, esta tarde os invito al barrio de la Fassion, a conocer a su Mari, a su Vane y a quien se tercie. Con ella no existe el aburrimiento, ¡palabra!.

¡Gracias Fassion!

marzo 02, 2011

El don de Wrangel

Hace ya unos cuantos meses, una tranquila mañana de sábado, mi padre me sorprendió con un regalo hermoso e inesperado: Una agenda de las hadas para 2011, de El Jardín del Libro. Me la dio y me dijo: "La he visto en el escaparate de la librería y he pensado... lo que le va a gustar esto a la chica". A veces me sorprendo de lo bien que me conoce mi padre... y eso que parece que nunca se entera de nada.

Hojeándola en casa, descubrí una colección hermosísima de ilustraciones pero, sobre todo, un relato por mes con las hadas y los seres fantásticos como protagonistas. Y, al final de la agenda, hallé las bases para participar en el II Concurso de Relatos del Jardín del Libro. Me pareció una señal. El ganador y el segundo premio se publicarían en la agenda de 2012... ¡qué ilusión! Así que me puse manos a la obra y escribí para el certamen "El don de Wrangel", que es el relato que os traigo esta mañana.

El motivo es que hoy han salido publicados los relatos ganadores y el mío no está entre ellos, de modo que ya puedo mostrároslo a tod@s. ¡Enhorabuena a las ganadoras!


El don de Wrangel

El Hada Wrangel tenía un don. Un don hermoso. Sabía pintar extraordinariamente. Dibujaba tan bien, que las cosas que pintaba parecían cobrar vida y querer salir inmediatamente del papel. Sin embargo, aquella era una dádiva inútil. ¿Para qué servía dibujar? Se preguntaban sus padres constantemente. Cantar era muy útil: Ayudaba a disipar la pena de quienes sufrían. Cocinar era muy útil: Podías alimentar a quienes pasaban hambre y también preparar remedios caseros para las enfermedades. Tejer sí era un don útil: Si sabías hacerlo, podías vestir a quienes tuvieran frío. Pero ¿pintar? ¿Eso de qué le servía a la gente? El Hada Wrangel se ponía muy triste cada vez que sus padres le daban aquellas razones y le escondían colores, lienzos y pinceles.

Al nacer, las hadas de Tyrasliin recibían de la Madre Naturaleza un don secreto que nadie conocía, ni siquiera el Consejo de Hadas. Este don se desarrollaba en ellas al mismo tiempo que les crecían los brazos, las piernas y las alas. Y puesto que era un don sagrado, las acompañaría toda su vida. Las familias hacían conjeturas por saber qué don sacarían sus retoños y trataban de agradar a la Madre Naturaleza para que sus pequeñas obtuvieran un don útil y al mismo tiempo, hermoso. Los más apreciados eran aquellos que permitían hacer cosas evidentes por los demás: Cocinar, coser, curar, adivinar el futuro o amaestrar a los pájaros.

Sin embargo escuchar, comprender, escribir o dibujar se consideraban dones menores, otorgados a hijos de familias que no estaban en paz con la Madre Naturaleza. Por eso estaban tan disgustados los padres de Wrangel con el don de su hija. Cada vez que la encontraban dibujando sus estampas maravillosas, se preguntaban qué habían hecho mal. Con qué podían haber enojado a la Madre Naturaleza para que le hubiera otorgado un don tan insignificante. ¿Por qué Wrangel les habría salido dibujante? Por más que lo pensaban, no alcanzaban a explicárselo.

Al cumplir la mayoría de edad, las hadas debían presentarse ante el Consejo para revelar su don de forma pública, haciendo una demostración. Aquellas que tuvieran los dones mejores y más útiles entrarían a formar parte del Consejo. Los padres de Wrangel presentaron a su hija muertos de vergüenza. Entre las hadas de aquel año había tantos dones impresionantes, que el de su pequeña se veía todavía más ridículo. Conforme la ceremonia iba avanzando, las aspirantes a entrar en el Consejo fueron mostrando habilidades extraordinarias. Muchas de ellas arrancaron aplausos de admiración de los presentes. Wrangel, cargada con un sencillo cuaderno de dibujo blanco y unas simples pinturas, aguardaba su turno en silencio.

"Que se acerque el Hada Wrangel" murmuró el Hada Mayor, Berenia. La joven se acercó al estrado. "Y bien. ¿Qué nos muestras?" preguntó Berenia. La muchacha trazó entonces unas líneas aquí y allá en su libreta en blanco. Dio un poco de color verde, un poco de morado, unas mejillas rosadas, unos ojos azules, unos cabellos blancos... Cuando finalizó, mostró a todos lo que había pintado. El Consejo enmudeció. Aquello era lo más extraordinario que habían visto nunca. Sobre el papel de Wrangel aparecía sonriente el Hada Abuela Nimare. Era un retrato perfecto, tan perfecto que parecía más una ventana a la que Nimare se estaba asomando. Nacieron lágrimas en los ojos de muchos, también en los del Hada Mayor. Nimare había abandonado el mundo de los vivos hacía tiempo, pero su bondad había hecho que nadie pudiera olvidarla. Todos la echaban de menos. Sin embargo, Wrangel la había traído a la vida para ellos en aquel papel. Si lo colgaban presidiendo la sala del Consejo, ya nadie sufriría por la ausencia de Nimare. Podrían visitarla tantas veces como quisieran.

Cuando se repuso del asombro, el Hada Mayor Berenia habló. "Por haber desarrollado el hermoso don de curar la nostalgia y la añoranza con tus dibujos, este Consejo te admite en su seno... y te encomienda una misión. Si quieres aceptarla". Wrangel asintió y clavó su hermosa mirada verde en Berenia, expectante. "Recorrerás el mundo dibujando a aquellos a quienes personas, duendes, elfos, hadas y demás criaturas echan de menos por habérselos llevado la Muerte y curarás así el mal de añoranza que aqueja su alma" sentenció. La joven Hada Wrangel nunca imaginó tarea más hermosa.

Desde entonces, nadie en Tyrasliin ha vuelto a desdeñar un don por considerarlo poco práctico. Han aprendido que tan importante como cubrir las necesidades del cuerpo es sanar las carencias del alma. Sólo así se puede ser feliz. Por eso, ahora las Hadas desean también con fuerza que sus hijas sepan escuchar, comprender e incluso dibujar. Desean que sean capaces de reconfortar el espíritu de quienes sufren, porque han comprendido que es uno de los dones más grandes que la Madre Naturaleza puede otorgarles.

Y desde aquel día, el Hada Wrangel recorre campos, pueblos y ciudades en busca de aquellos que sufren de pérdida y de anhelo. Lleva por todo equipaje un cuaderno blanco de dibujo y una caja de lápices de colores brillantes. Aquí y allá pinta a un hermano, a una madre, a un amigo, a una esposa, a un gato o a una libélula. Los seres del Mundo pueden extrañar muchas cosas. El amor que pone en sus retratos propicia que, al mirarlos, sea como si realmente los ausentes estuvieran ahí, al otro lado del papel. Como si no nunca se hubieran marchado. Dicen quienes tienen la suerte de poseer uno de sus dibujos que realmente se repara el alma con solo mirarlo.

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