Te cierro por hastío mis hombros al desaliento.
Clausuro para siempre la consulta de horas muertas que abrí sólo para ti y que no quiere más seguir abierta.
Abrocho el candado a mis oídos y no vuelvo a escucharte nunca más llorarme penas que no sientes más que cuando estás conmigo.
Delego en esas otras musas que te inspiran, se visten y desvisten ante ti, la tarea de ensartar las cuentas del rosario de tus penas. Yo ya no lo quiero rezar más. Con el mío tengo suficiente.
Me borro hoy por fin del auditorio de tu ristra de sufrimientos inventados. Has de saber que ya he descubierto cuánto me mentías.
Quien quiera escuchar, que te escuche. Mi hombro no necesita más tu lluvia.
Y ninguna parte de mi cuerpo añorará de ti parte alguna.

1 Fragmentos de tiempo:
Decir adiós es empezar también y todavía tengo la esperanza de que sea lo más inteligente.
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