El Laberinto

Laberinto: (del latín labyrinthus, y este del griego λαβύρινθος labýrinzos) lugar formado por calles y encrucijadas, intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él. El mayor laberinto que conoce el ser humano no es otro que su propia mente. Este espacio pretende adentrarse en él y que, quien lo visite, haga lo propio, buscando dentro de su laberinto aquello que crea perdido...

Libros de Casiopea

Muchos de los relatos incluidos aquí y otros inéditos, están también en formato libro en: http://casiopeayeltiempo.bubok.es

febrero 15, 2012

Adiós, Sirena

 
Cuando salió del vientre de su madre, entre la pringue del líquido amniótico, la sangre primigenia y los lloros de palmadas en el trasero, la comadrona que la cogió para limpiarle la cara y peinarle un poco los cuatro pelos tiesos antes de ponérsela en los brazos a la madre por poco no la deja caer al suelo: en lugar de piernas, había creído verle a la mocosa una cola de sirena.

En el agua era feliz. Ya estando en la tripa a la madre le había parecido que esos movimientos que hacía su hija eran más una coreografía que las típicas patadas de los neonatos. La primera vez que la metió en la bañera, unos días después de abandonar con ella en brazos el hospital, la pequeña empezó a mover las piernas con gracia, como si quisiera echar a nadar.

Su pequeña nunca fue como esos bebés a quienes les da miedo la bañera y lloran, gritan, patalean cuando el agua les cae por encima. Ella disfrutaba. Si quería que se mantuviera entretenida sólo tenía que dejarla sentada frente a un bol lleno de agua: entonces, la pequeña metía sus manitas y trazaba arabescos y canciones y poemas de amor que sólo ella conocía.

El día de su bautizo a punto estuvo de meterse de cabeza en la pila bautismal, tan obsesionada estaba con el agua. Y cuando la apuntaron a natación, sorprendió a los monitores con un talento innato para moverse entre la corriente. Era una sirena, aunque no tuviera cola de escamas en lugar de piernas.

Amaba al agua por encima de todas las cosas. Y el agua, a ella. Verla nadar no era comparable a nada más. No despegaba los labios pero ella cantaba. Cautivaba con sus movimientos fluidos, ágiles, inmensos, bellos... más aún que las sirenas de Homero. A esas, los marineros querían evitarlas a toda costa. A ella venían a verla nadar desde todos los confines del mundo. Los aplausos más entregados fueron para ella. Cosechó éxitos en todo el mundo. Por atreverse a ser lo que había nacido para ser. Una sirena. Auténtica.

Pero a veces, incluso las mejores sirenas sienten un día la llamada de la tierra. Y, pese al dolor en el alma, en las manos, en las mismas piernas-cola de sirena... La Sirena, hoy, deja el agua para siempre.

Sus gestas, sin embargo, no se olvidarán nunca.

Adiós Gemma, Sirena.
Bienvenida Gemma, Mujer.


(A la gran nadadora Gemma Mengual, que hoy se retira. Gracias por tantos años de éxitos, de buen hacer, de trabajo, de emoción. Gracias por hacernos amar la piscina a sirenas de campo como yo que no sabemos dar dos brazadas. Gracias por regalarnos la capacidad de soñar y por hacernos sentir tan orgullosas de ser compatriotas tuyas. Gracias. Gracias. Gracias)

febrero 14, 2012

Alien Vs. Predator

Por si alguien tiene duda... NO soy ninguno de los dos. Gracias :P
Son casi las cinco de la tarde y estoy aterrorizada. No sé si voy a sobrevivir... a mi primer Día de San Valentín con Twitter.

Si no tenéis cuenta de Twitter, ni de FB, ni de Google+, ni de ninguna red social habida o por haber, no sabéis la de disgustos que os ahorráis. Para mí, que es el primer año que tengo cuenta de Twitter en este estereotipado (para unos) y precioso (para otros) día, las estoy pasando canutas. El año pasado, que no tenía pareja (como éste) ni Twitter, la cosa no fue tan dramática. Sí, vale, en FB algunos amigos y amigas ponían estados pastelosos e incluso los más audaces colgaron fotos de sus regalos o de los presentes que iban a hacer. Súmale a eso algunas postales con corazones y gatos (cosas que me gustan ambas, juntas o por separado) y eso fue más o menos todo el amor viral que se coló por mis redes sociales en 2011.

Pero... a mediados del año pasado se me ocurrió la feliz idea de hacerme una cuenta de Twitter sin pensar en que unos meses más tarde vendría la celebración de San Valentín y las devastadoras consecuencias que podría tener en mí una sobredosis de pasteleo y odio al pasteleo a partes iguales. Animalico. Así que anoche, como buena noctámbula que soy (por más mal que siente esto a mi organismo y a eso de tener que levantarme para trabajar por las mañanas) abrí el Twitter a eso de las doce y algo... y casi muero. El 95% de los nuevos tweets, incluso los de medios de comunicación, hablaban de San Valentín, del amor, del desamor o de todo a la vez.

Los enamorados, si ya son cansinos en la vida real y los días de diario, en Twitter y por San Valentín ni os cuento. Frases como “Feliz San Valentín para todos”, “Feliz Día de San Valentín, mi tesoro bello, que lo pases bien”, “El día más hermoso del año es para los enamorados” o “Te quiero más que ayer pero menos que mañana aunque hoy sea San Valentín y se suponga que te tengo que querer más que nunca” inundaban mi TL (para legos en Twitter, la lista de actualizaciones, retweets y demás de mis contactos) hasta tal punto que decidí irme a dormir, yo, que no me acuesto nunca antes de las dos de la madrugada. Lo que no han conseguido años de sermones de mi madre lo lograron de un plumazo decenas de enamorados enfebrecidos.

Cómo habrá sido la cosa que he soñado con un amor que tuve a los 20 años (pero un sueño rarísimo, ni calentorro ni “ná”...), esta mañana me he vestido de rosa (no toda, no os asustéis por Dios... sólo una chaqueta) y, en el desayuno, entre todos los pastelillos que me compró mi madre el fin de semana pasado la mano se me ha ido sola a por el rosa y, por más que lo he intentado, no he sido capaz de coger otro. El Twitter a esas horas de la mañana seguía igual: corazoncitos, amorcitos, fotos varias de celebraciones, regalos y besos... Si esto no es motivo suficiente para construirte un refugio antinuclear, meterte con toneladas de comida y la última temporada de The Walkin Death (te gusten o no las historias de zombies, es más que nada por compensar), no sé qué hace falta. Y es que yo me pregunto... ¿de verdad es necesario restregarle al mundo por el rostro que estás feliz? ¿Si no lo sueltas a los cuatro vientos... lo eres menos? Y para quienes vayan a responder que se sienten felices compartiendo su vida... ¿por qué no compartís vuestra cuenta bancaria y si eso, somos felices todos?

Pero si los enamorados se ponen pesados en San Valentín (y todo el año, para que nos vamos a engañar... a mí cuando estoy enamorada no hay quien me aguante, por eso mis amigas agradecen que el destino me mantenga más de la mitad de mi vida soltera y de mala leche), los desenamorados, descreídos, irónicos y todas esas chorradas que nos llamamos los que no tenemos pareja (y queremos tenerla), los solteros, vamos, no somos mucho mejor. Yo diría que, incluso, somo peor. Porque nos ponemos igual de cansinos con nuestros mensajes “anti-SanValentín” y porque encima, en Twitter, nos da por responder a todos los tweets amorosos con bordeces. Mal. Muy mal.

Entre todos los tweets pastelosos, en mi TL también se pueden encontrar hoy cosas como “Feliz San Ballantine's” (en serio, la primera vez es gracioso, las 8.325 posteriores no. Sed más originales, gracias), “Hoy los enamorados tendrán sexo y los solteros tendremos la mano” (muerte y destrucción a toda esa gente que aún no conoce la juguetería sexual, por favor. Gracias de nuevo), “¡Feliz San Valentín! No, es coña, que os den...” y lindezas por el estilo. Que yo me pregunto... vale que estemos hartos del día y amargados con el mundo pero... ¿es que ni en San Valentín podemos dejar a la gente vivir y ser feliz? ¿Qué ganamos con sacar a pasear nuestras mejores frases de desamor y despecho a las redes sociales? ¿Parecer unos tristes y amargados solteros resabiados? ¿Te vas a sentir mejor fastidiando a los demás? A todos los que se quejan (nos quejamos) de lo tópico del Día de los Enamorados... ¿no es igual de tópico odiar (y hacérselo saber al mundo, claro, que está pendiente de lo que a ti te pase por tu cabeza de retrasado en este día) el Día de San Valentín?

Examinando nuestros comportamientos mútuos, me da la sensación de que hoy Twitter es una batalla campal de sentimientos y palabras en la que amor y desamor mantienen una lucha encarnizada al más puro estilo Alien vs. Predator. Los aliens serían los enamorados, por aquello de que parecen de otra galaxia. Los predators seríamos nosotros, los amargados. Porque depredamos cualquier sentimiento bello que tome forma de tweet.

Ahora, que de toda la fauna sanvalentinera que campa por las redes sociales como gacela en las sabanas africanas los peores son, sin duda, los enamorados del amor.
Sí, sí, esa gente que suelta cosas como “Aunque no tengo pareja, celebro San Valentín porque estoy enamorado(a) del amor”, “Celebra San Valentín contigo mismo(a), porque tú eres quien más va a quererte” y memeces semejantes. Mi amiga Lola, que ahora mismo no tiene pareja pero es una persona feliz (porque está contenta y porque apenas se preocupa por nada, cosa que a veces le hace parecer un poco retarder) lleva así todo el día. Qué sufrimiento, oye. Que lo de estar enamorado del amor está muy bien pero, mientras no haya alguien que se llame Amor y sea tu novio(a).... ¿quién va a tener detalles contigo en San Valentín? (además de las súper-promociones-de-la-muerte de las grandes cadenas comerciales, claro) N-A-D-I-E. Nadie. Pues eso. Creo que la realidad habla por sí sola.

Llegados a este punto, yo lo que me pregunto es qué era de nosotros, enamorados, cínicos y amantes del amor en general antes de la existencia de las redes sociales. ¿Éramos igual de felices o desgraciados que ahora? ¿Nos importaban tanto las celebraciones o no celebraciones de días clave del año? ¿Estábamos tan enamorados o tan desengañados del amor? ¿Las redes sociales lo magnifican todo un poco o siempre hemos sido unos(as) auténticos Drama Queens? ¿Vosotros, qué opináis, queridos y queridas? Mientras le vais dando a vuestra cabecita, me voy a recluir en casa, con el móvil a una distancia prudencial fuera de mi perímetro de seguridad, con comida suficiente para ver toda la T2 de The Walkin Death más la película The Road y alguna más macabra que encuentre, a ver si así consigo sobrevivir. Romántico martes, queridos.

febrero 13, 2012

Colaboración para Global 2.0



El pasado mes de noviembre echó a andar la revista digital Global 2.0, de la que mi querida Liz, de Smileliz, es redactora. 

Hace unos meses me propuso colaborar con un artículo para el segundo número, que por fin está en la red desde hoy. Si pincháis aquí podréis leerlo y disfrutar del número completo, así como de mi pequeña aportación a este proyecto tan bonito. 

Querida Liz, muchas gracias por contar conmigo y también por dejarme un espacio desde el que luchar contra el abandono animal. Espero que cada vez más gente se conciencie de que, con crisis o sin ella, los animales sigue siendo seres vivos que merecen nuestro amor y respeto. 

¡Buen martes!

febrero 07, 2012

Díselo con la pizza corazón

Acabo de entrar en crisis. Pero crisis gorda ¿eh? De esas de comprar helado, llamar a todas las amigas, contarnos todas las penas mutuas y acabar, llorando y empachadas de helado, galletas y hasta tallarines tres delicias a las tres de la madrugada. Mi crisis, queridas y queridos, viene porque se acerca San Valentín. Que no tengo yo nada en contra del pobre santo, bastante tiene él ya con lo que tiene. No. La cuestión es que tantos mensajes, post y tweets con aquello de “se acerca San Valentín” como si fuera una amenaza, acaban por hacer mella en la valentía de una.

Eso y que no puedo con San Valentín. Que sí, que vale, que es porque no tengo pareja ahora mismo y eso me vuelve una amargada, que si la tuviera me encantaría, que como no tengo novio, me dedico a joderles la alegría de este día a los demás desahogándome con posts resentidos y amargantes... que sí, que vale, que lo que queráis. Dejad de leer en este punto si os apetece.

Pero, si no dejáis de leer, os cuento que yo no puedo más y tengo que soltarlo. Estoy sa-tu-ra-da de ofertas estúpidas de San Valentín. De las estúpidas, ojo. De las que sirven para algo no, ésas las aprovechas aunque no tengas pareja. Veréis. Las de tipo escapada romántica tienen su gracia. Además son útiles, porque igual tú no tienes a un hombretón con el que compartir cama y escapada pero sí se la puedes recomendar a alguien o tienes unos días libres y una amiga también libre, con un poco de dinero ahorrado, a la que le apetece irse contigo a visitar la arquitectura de la Alta Edad Media en Worcestershire.

Los de cositas para jugar en la cama siempre viene bien recibirlos. Primero porque hay que estar al día y segundo, porque muchas las puedes usar sola también o con tus follamigos/ligues de viernes/rollos de sábado varios. Entre tanta promiscuidad, alguno habrá a quien le guste probar cosas nuevas ¿no? Y los de lencería y demás también son útiles por razones obvias: algunas llevamos bragas todos los días del año, no sólo en San Valentín, y nos gusta llevarlas bonitas. Posiblemente sea por eso -por lo de ir siempre con bragas, no porque sean bonitas- que nos va como nos va, pero bueno. El caso es que a mí me enseñaron aquello de “hagas lo que hagas, ponte bragas” y yo me las pongo. De ahí que sean útiles los anuncios de lencería sanvalentinera, aunque te ataquen los nervios igual.

Pero es que este año, además de todo ese merchandising del amor, se han apuntado al carro empresas que, qué queréis que os diga, en San Valentín pintan poco o nada. Me cuenta mi amiga Lola que ha recibido un mail de una conocida compañía de televisión por cable en la que le anuncian la misma oferta con la que llevan desde hace medio año pero con las oes del nombre en forma de corazón y con un pack especial de veinte películas románticas para la ocasión. Sinceramente si alguien con pareja se pasa San Valentín haciendo maratón de cine en lugar de follando, que se lo haga mirar. San Valentín es para echar polvos como si no hubiera un mañana. Y punto.

Al correo de mi hermano han llegado esta semana como por arte de magia ofertas de tostadoras del amor, aspiradoras del amor, cafeteras del amor y una larga lista de electrodomésticos que harán tu vida más fácil y que son, según piensan las marcas claro, el regalo perfecto de San Valentín. Si tengo yo un novio al que se le ocurre regalarme la sandwichera del amor en esta consumista fecha... lo estampo. O bueno, igual no, que con lo que cuesta encontrar un novio (y que encima te regale cosas) está la cosa como para ir estampándolo. Pero pensarlo seguro que lo pensaba.

Ahora que, entre todos los anuncios inapropiados de regalos para los enamorados, el que me ha terminado de dejar loca y me ha provocado la mega-crisis-de-la-muerte en la que estoy sumida ahora mismo cual basilisco en pena es el correo promocional que he descubierto yo hace media hora en mi bandeja de entrada. “Díselo con la pizza corazón”, reza la aberración publicitaria de una cadena de comida rápida conocidísima. Que yo me pregunto... pero vamos a ver ¿a quién narices le gusta que le regalen una pizza con forma de corazón, por el amor de Dios? Ni en San Valentín, ni nunca.

Así que llegados a este punto, me pregunto... ¿Hacéis (u os hacen) regalos por San Valentín o sois de los de demostrar amor todos los días y dejarse de fechas prefabricadas? ¿Qué es lo mejor y, sobre todo, lo peor que os han regalado? ¿Se puede regalar cualquier cosa a la pareja en esta fecha con tal que tenga forma de corazón? Y lo que es aún más importante... ¿se lo diríais (y qué le diríais, claro) con la pizza corazón? Cardíaco martes, queridos.

enero 29, 2012

Póquer

 Los diamantes los aparté primero.

Brillan, pero no como antorchas que alumbran, sino como destellos que ciegan. Es mirarlos y borrarse el camino.

Busqué entre la maraña de tréboles alguno de cuatro hojas que me garantizara la buenaventura, mas eran todos trinos.

Tréboles mutilados como lo empezaban a estar mis manos laceradas por las picas.

El camino se convirtió en una suerte de picas afiladas silbando a ambos lados, picas que querían cortar la senda y a mí. En pedacitos.

Y al final de los treinta pasos... Vacío. Y un portón de madera cerrado. Dama y Rey de Picas, con una burlona sonrisa el paso me cortaban.

- Aquí, nada late.

Concluyó dignamente la Dama.

Y yo volví sobre mis pasos de picas filosas y tréboles mutilados pensando que a mi baraja, como a mi vida, se le caen a chorros los corazones.

enero 27, 2012

La guitarra asesinada


Llegaba a la calle Caballeros a las siete y media de la mañana. Todos, todos los días. Lloviera, nevara, luciera un sol de justicia o cayeran chuzos de punta. Abría la funda frente al número 143. Lo hacía lentamente, igual que un amante ansioso se demoraría en desabrochar la cremallera del vestido de su compañera por prolongar el placer un poco más. Deslizaba curva abajo la cremallera y, a veces, cerraba los ojos imaginando que no desenfundaba una vieja guitarra española en plena calle sino que la desvestía a ella.

Una vez liberada la guitarra de su vestido de cuero se sentaba en el banco, la acostaba sobre sus rodillas con el mismo mimo con que acomodaría la cabeza de ella en el regazo después de amarla, abría la funda para que cayeran dentro las monedas. Cuando el café le calentaba los dedos lo suficiente para que no se le enredaran las yemas en las cuerdas y pareciera un alumno principiante, empezaba por fin a tocar.

Ella pasaba todas las mañanas a las 9:47. Ni un minuto antes, ni uno después. Pese a los acordes que estuviera rasgueando en ese momento, escuchaba el sonido de sus pisadas, incluso aunque no llevara tacones, mucho antes de adivinarla a su derecha. A veces hubiera porfiado con cualquiera por convencerle de que, sólo por el sonido de su taconeo, era capaz de saber si caminaba seria o sonriendo.

En apenas un par de minutos, tres a lo sumo si se demoraba frente a algún escaparate, todo había terminado hasta el día siguiente. Sólo en esos momentos fugaces de la mañana recién estrenada la veía. Sólo en esos momentos fugaces del día era verdaderamente feliz. Aunque ella no le echara monedas (qué vergüenza habría sentido si lo hubiera hecho, él no quería de ella su dinero) ni tampoco le mirara jamás.

Cada noche ensayaba en casa una canción nueva que ofrecerle a la mañana. Gracias a sus esfuerzos por complacerla, por conseguir que algún día, al menos, le dirigiera una mirada, aunque fuera fugaz, o altanera, logró una amplia cartera de admiradores que le llenaban la funda de monedas cada mañana. Le daba igual. Él sólo tocaba por ella. Y ella ni le miraba.

Una mañana, al fin, ella se acercó. Llovía. Como si el diluvio quisiera anegar de nuevo la tierra, como cuando Noé y su arca zoológica. Se acercó. El paraguas abierto sobre su cabeza. Sin mediar palabra, aprovechando que él había dejado de tocar, asombrado ante su llegada, le arrancó la guitarra de las manos y la estrelló tres, cuatro, doce veces contra el suelo. Como una auténtica asesina de guitarras.

Cuando estuvo satisfecha con el destrozo, la soltó. “Odio la música de guitarra” se limitó a afirmar, por toda explicación. Ante el estupefacto músico, giró sobre sus talones y se alejó como si aquello nunca hubiera pasado.

Podría haberle contado de su ex, apasionado por su guitarra. Del abandono. De su casa en silencio en la que nunca más había vuelto a sonar la música. Mucho menos la de una guitarra. Del dolor infinito que le causaba escucharle a él tocar cada mañana y recordarlo, escucharle tocar y que se le metiera la música en los huesos y le vibrara dentro, como un tumor que crece a sabiendas del enfermo sin que nada pueda detenerlo. Podría haberle pedido que cambiara de barrio, que dejara por favor de tocar para que ella no tuviera tentación de arrancarse los tímpanos cada mañana. Pero no.

Mientras, unos cuantos curiosos empezaban un conato de aplauso creyendo que acababan de presenciar alguna performance entre estudiantes de Bellas Artes. ¡Eran tan raros!

Él permaneció allí. Inmóvil. Bajo la lluvia. Durante un tiempo que no hubiera podido precisar. Cuando fue capaz de reaccionar, enrolló en el hueco de su mano la única cuerda que ella no había roto, tiró los despojos de la que fue su primera y única guitarra a la papelera y desapareció. A la mañana siguiente, su compañero de piso le encontró colgado de la lámpara, con la única cuerda sana de su guitarra asesinada alrededor del cuello.

enero 24, 2012

Cerrado



Te cierro por hastío mis hombros al desaliento.

Clausuro para siempre la consulta de horas muertas que abrí sólo para ti y que no quiere más seguir abierta.

Abrocho el candado a mis oídos y no vuelvo a escucharte nunca más llorarme penas que no sientes más que cuando estás conmigo.

Delego en esas otras musas que te inspiran, se visten y desvisten ante ti, la tarea de ensartar las cuentas del rosario de tus penas. Yo ya no lo quiero rezar más. Con el mío tengo suficiente.

Me borro hoy por fin del auditorio de tu ristra de sufrimientos inventados. Has de saber que ya he descubierto cuánto me mentías.

Quien quiera escuchar, que te escuche. Mi hombro no necesita más tu lluvia.

Y ninguna parte de mi cuerpo añorará de ti parte alguna.

Páginas vistas en total