Damas y caballeros, con todos ustedes, Casiopea

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Distópica. Escritora cruel. Periodista por vocación y de profesión. Colecciono cuadernos y acabo de aprender a escribir con pluma. Cazatormentas. Amanecista. Tolkiendili. Tintadicta. Gatuna. Feminista y libre. Soy de la Sangre del Dragón. Sigue las baldosas amarillas.

diciembre 31, 2016

De esta herida y de esta luz...



ENERO

Barcelona. Empezar el año un año más lejos de casa se lleva mejor si la tarde de Año Nuevo te espera en Bracafé @unbreakmypants (Almudena para los no tuiteros). Casiopea cumple 7. Una mesa adoptada, un trabajo de “restauración” a mi manera y un tortel de Reis de mazapán. Un mail largo, larguísimo, que llegaba seis años tarde. Un punto y final en bonito a algo que no lo fue tanto pero, con el paso de los años, todo se relativiza. Mejor empezar con el alma limpia. El (último) viaje a Oropesa. Días de visitar los restaurantes más chic de la Condal. Mi primera pluma estilográfica en una noche perfecta. Paneles secretos. Descubrir que formas parte de los Fantásticos Siete. Gracias por todo, Ramón. Descubrir Le Petit Pot, profecía de tardes de tarta y sonrisas. Recuerdos encerrados en las fotos en los espejos del Acuario de Barcelona.

FEBRERO

No Soy, como declaración de intenciones. Volver a trabajar con Vanessa (Controluve) tantos años después y encontrar a la perfecta compañera de viaje en esto de la Comunicación. Eres la mejor, poco te lo digo. Una clienta que supuso un auténtico reto. Una llamada que me costó creer: “Hemos pensado en ti como pregonera de la Semana Santa de Iniesta”. Gracias, Alberto. Por una ilusión tan grande como ésa. Un San Valentín por adelantado, un viaje con un día de retraso y los gatos y yo con los bártulos a Cuenca. Si mi madre hace la mejor Red Velvet del mundo, habrá que dejar constancia. Una llamada, un susto y algunos días de sala de espera. Un rosario de malas artes varias. Una renuncia, un “ni se te ocurra” y un sentir el apoyo cuando más lo necesitaba. La mala gente lo intenta, pero no lo consigue siempre. 

MARZO

Flores entre bambalinas en el Concierto de Inicio de Cuaresma. Presentar sin micro el IX Encuentro de Música Sacra. Iberia Sumergida en Cuenca. Pregonera de Semana Santa en Iniesta. Descubrir lo que es el cariño de todo un pueblo en doce horas (y lo que es echar, por encima de todo, de menos a tu hermano). Soñar olivos y banzo y penitencia desde el altar de la iglesia de Iniesta. Os llevo en mi corazón. Mi gratitud eterna. Una Semana Santa con Jose. Enseñarle lo que es, de verdad, Cuenca. Emocionarte cuando tus padres te cuentan que, aunque entienden nada y menos de redes sociales, han encontrado la cuenta de Twitter de la Junta de Cofradías y se han emocionado con tus retransmisiones. Que no se van a dormir hasta que no te despides. Un Jueves Santo en que me robaron el coche (en Cuenca, lo nunca visto) y el Sábado de Gloria más triste de mi vida. Una llamada de teléfono que no cogí y otra que nunca hubiera querido recibir. Un viaje a Alicante de ida y vuelta sin sonreír en todo el camino. Adiós, tío Antonio. Hasta que nos veamos en el Padre. 

ABRIL

Contar el paso de los meses en los murales de Torrasa. Seis años con Pretty. Unos zapatos rojos para no perder mi camino de baldosas amarillas. 18. Un libro para atesorar momentos y el deseo de celebrar contigo 18 veces, 18 años, Gema. Un bolígrafo especial para escribir relatos y un mail con el alma entre líneas en el camino de vuelta a Barcelona. Despedidas que son continuarás. Reconocimientos a mi trabajo que se hacen constar en acta y me hacen feliz. Más de lo que nadie imagina. Una tos fea. ¿Diagnóstico? Pulmonía. Días de angustia, jarabe, antibióticos y mucho miedo por Fanta. Noches de dormir en el sofá, de despertar con miedo por si, a la mañana, ya no lo encontraba. Un ángel en forma de veterinaria que se llama Mireya. Mejoría lenta, pero al fin y al cabo mejoría. Tardes entre darbukas, guitarras y salterios. Sant Jordi de rosas y risas en La Rambla. Una foto que se convirtió en un cuadro. Mi vuelta intermitente a El Buscalibros. The devil in disguise en repeat, en la cabeza y fuera de ella (¿eh, Jose?). Noches con R de Ojalá. Remontadas históricas. Aprender a decir “No” y empezar a poner las cosas en su sitio. 

MAYO

La mejor horchata valenciana no está en Valencia. Dos geranios de pensamiento en mi terraza y una afición a la jardinería recién descubierta. Resulta que sí sé cuidar plantas. Solo tenía que encontrar las que no se me murieran. Nuevos clientes y proyectos, alegrías y quebraderos de cabeza. Unos que se marchan y otros que llegan. Restaurantes en los que hasta el pan es elegante (por detrás y por delante). Pulmonías que se enroscan y se alargan y un Fanti y yo solitos en el coche camino de Cuenca. Una undécima en los penaltis, tres corazones en una misma garganta y que nos siga uniendo lo que late, entre las costillas, a ras de pecho. Mi Gema, que se graduaba. Una tarde inolvidable en el Vedruna. Tantos recuerdos, tantas vivencias. Sentir que la vida se nos escapa y hay que agarrarnos de la mano para que no se nos pierda. Un viaje juntas a Cuenca con Izal de fondo y el “serrucho, serrucho”. Madres que roban plantas (algún día os contaré la historia, solo diré que, en verdad, las plantas las pagamos, pero me gusta decir que fueron robadas. Yo me entiendo). Vuelta a los lugares a los que hemos llamado hogar. 

JUNIO

Erasé un jardín en una terraza y un jardín escondido de Amara Montes en ella. El alta, por fin, a Fantifli. Una caja de bombones y un abrazo para celebrarlo con su Súper Veterinaria (gracias, Mireya). Fantasmas en Twitter, candado a mi red social. Personas que no aceptan que no las quieras en tu vida y se empeñan en manifestarse, estés tú de acuerdo o no. Una llamada en el Gran Vía, un “hemos pensado en ti” con el que llevaba media vida soñando y unas mariposas en el estómago que anidaron y no se marchan. Para saber más, os emplazo a marzo del año que viene. Una coca de Sant Joan (del Pambolisucre) que casi me zampé de una sentada. Por el amor de Gravesen en bucle, en la cabeza (qué temazo, qué temazo). Brexit. Una lanza por Almudena. Lo inesperado (o quizás no tanto), que a veces sucede. Días de incertidumbre y lágrimas. Adioses. Cosas que se quiebran. La distancia se hace a veces demasiado larga. Un tren a Cuenca. Y noches de cazar pokémon y de solucionar todo y nada. Nostalgia por la vida que no has vivido. Quién sabe. A veces es mejor la vida que te espera. Que el recuerdo de mi abuelo es un cesto de lavanda. Espleguera en mi terraza. 

JULIO

Un Calendario de Aniversario en Julio (te amo, Jose). Delusito cumple 7. Un vestido de pin-up, una sesión rockabilly de fotos y Rocío, que llega. Tardes de tarta y confidencias bajo la atenta mirada de las Musas del Palau de la Música. Lo que un error unió, que no lo separe la distancia. Juncal o cómo un intercambio de libros en Instagram puede traer a tu vida a personas extraordinarias. Sentir la cercanía y afinidad con ella a pesar de lo lejos que estamos. Ojalá más cerca. La colección de plantas crece. Recorrer Barcelona de garden en garden y perderse. Y encontrarse. Salvar de la mosca blanca a tus geranios de pensamiento dos veces y celebrar sus flores nuevas casi casi como si fueran tus hijas (que tu esfuerzo te ha costado conseguirlas). Nace el #proyectomujeresflor. Volver a dibujar, tantos años después. Descubrir que no se me da tan mal como pensaba.

AGOSTO

Indocumentada por obra y gracias de dos críos o cómo darte cuenta en Plaza Cataluña de que te acaban de robar el monedero. Hablar de negocios con Antonio, un traductor a la medida de mis clientes. Cómo me gusta que, lo que empezó en unos tuits, se haya convertido en algo grande con el paso de los años. Convertirme en una Dama de Invierno de Marta Ponce. Rodeada de mis pelusetes, claro. “¡Mireia Belmonte! ¡Oro para Mireia!” y descubrir que se puede llorar de emoción al ver a una nadadora alcanzar la gloria a las cuatro de la mañana. Viva-la-madre-que-os-parió, Rafael Nadal y Marc López. Creo que, del grito que di, aún se acuerdan mis vecinos. El verano más caluroso de la historia y Gracia bajo las guirnaldas en su fiesta. Veinte maneras de hacer el tonto a cuatro manos (dos cabezas) con un sombrero. Reencuentros que ya no son lo que eran. Vacaciones sin vacaciones. “¿Y si hacemos el Camino?” Una decisión improvisada, dos hermanos, un destino y empezar a preparar nuestra aventura del año. 

SEPTIEMBRE

Volver a Nohales como pregonera, dos años después, y pregonar en verso, como siempre pensé que lo haría si alguna vez pregonara las fiestas de mi pueblo. (gracias Coral, Adrián y Arantxa). Mi hermano en Barcelona y pasar algunos de los días más felices de mi vida. Se escribe Kateryna y se pronuncia Luz en una mirada que ojalá nunca vuelva a ver triste. Mamushkas azules desde Ucrania. Que por el Camino de Santiago pasa la senda de baldosas amarillas. Y no lleva a Oz, pero sí a la plaza con O, de Obradorio. De orgullo de hermano. De ole por nosotros dos. Lo hemos conseguido. Aunque no nos estuviera esperando el Apóstol con el botijo ni consiguiéramos que nadie nos lleva-llevara en su bicicleta. Rubén... ¿Qué día entraba el otoño? Te quiero hermano. Gracias por hacer el Camino (el de Santiago, el de la vida) conmigo. A veces, los sueños se cumplen gracias a tu madre y tienen forma de escritorio. Una rosa esperándome en casa, para la vuelta. ¿Tengo o no tengo el mejor novio del mundo?

OCTUBRE

Feliz Cumpleaños Fanti (por, al menos, Siete más). Inktober con el #proyectomujeresflor. Una mala decisión, un regalo escogido de cumpleaños que terminó siendo una decepción y personas que, si no querían herirte, lo disimulan muy bien. Constatar que en este mundo enseña quien quiere, no quien sabe, y que estamos rodeados de malos maestros que quieren modelarte a su imagen y semejanza. Rebelarse como arma. Días de viajes a Encants, broches rusos, cuadros antiguos. Que Momo es un colgante y ahora la llevo siempre conmigo. Un Oktoberfest más soso que el del año pasado. Una gata en una maleta. Asilo Retro en la Barcelona Games World y la Madrid Games Experience y sentirme muy orgullosa de ti, Jose. Que alguien aparte los panellets de mi, por favor. 

NOVIEMBRE

La edad de Cristo. Un vídeo de felicitación de mis padres que me hace emocionarme cada vez que lo veo y una postal por mi cumpleaños muchos años después (Juncal, eres un sol). La Mirada y un nuevo proyecto que verá la luz en 2017 (gracias, Vane, por creer también en él). Diálogos en Mi Menor con Marta Ponce fuera de la pantalla (me encantó desvirtualizarte, bonita). Mi primer NaNoWriMo fallido. Una caja sorpresa de cumpleaños, una maceta-mujer-flor, un collage para enmarcarlo y, sobre todo, el saberse una querida por alguien a quien quieres tanto (gracias, Gema). Un maletín profesional de lápices de dibujo y descubrir lo bueno que es tener, en tu vida, personas que creen en ti y en lo que haces. Sobre todo si esas personas son tu hermano. Un cambio de aires muy esperado y un “quién sabe lo que traerá el destino”. Un deseo: que al menos, sea mejor que lo antiguo.

DICIEMBRE

Un Calendario de Adviento en familia y por sorpresa y 24 días cerca de los míos a golpe de video. Jose y su primer Calendario de Adviento para mi (yo para él ya voy por el tercero). Mi primer “regalo de empresa” desde que me hice autónoma: dos peperomias preciosas que vienen a engrosar mi colección de plantas (gracias, Rafa). Una cena de empresa en Tarancón, o algo. Volver a ser Reina Maja y recuperar costumbres de la infancia: volver a ver El Mago de Oz en Navidad. A través del Reflejo o cómo no se puede estar más orgullosa de tu hermano. Una petición muy especial, un “sí quiero” que no es para mi boda aunque tenga que ver con una y una celebración que toma forma con 2017 en el horizonte. Las Aventuras de Berta & Gema en Barcelona, Vol. II. Un viaje juntas escuchando nuestras canciones, una intención de robar un plato en un restaurante de carretera que no llegó a fructificar y un reírse a cántaros por cualquier cosa en cinco días. Una noche de Mesías y Haëndel en Santa María del Mar. Un subir el listón de las pelis malas hasta el infinito y más allá. Volver a odiar las despedidas. Vuelve pronto, (no tan) pequeña. Postales en el buzón y fuera de él. Una Nochebuena, la primera, lejos de casa. Una Navidad con la sensación de que no es Navidad y una mesa como las de las revistas. Una trenca soñada dentro de una caja (gracias, mamá. No sabes cuánto te quiero). Un año que termina. Un año que empieza. Un hermano casi camino de Barcelona cuando publique estas líneas... y un blog que, ocho años después, se cierra. Gracias a todos los que me habéis acompañado en este viaje. Hasta la vista

1 comentario:

La Rizos dijo...

Ay. Esa frase final U_U
Bueno, la vida son etapas, y aunque da un poco de pena cerrar algunas - incluso cuando es de forma indirecta, como la penita que me da por perder tu blog- son ciclos y me alegra tenerte ahí y que tu vida siga girando y girando.
UN besote gigante, Casio. Ojalá en 2017 salga yo en tu resumen anual, en Bcn o en Málaga ;)
¡Y feliz entrada de año!

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